Controlar
las fuentes de suministro energético se vuelve crucial en la competencia
geopolítica actual que definirá el futuro de la inteligencia artificial.
Las
recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela, así como la crisis en Irán,
ilustran la velocidad con la que puede cambiar el entorno geopolítico y lo
crucial que resulta la seguridad energética para cualquier país. Más aún si se
trata de una potencia ascendente con ambiciones revisionistas. Desde 2022, en
su informe al XX Congreso del Partido Comunista, Xi Jinping advirtió que se
avecinaban tiempos turbulentos que podían amenazar la aspiración china de
revitalización nacional. En ese mismo discurso, instó a sus camaradas a
“agudizar su sentido de crisis, mantener un pensamiento de línea de base, estar
preparados para el peligro incluso en tiempos de paz y listos para soportar
pruebas mayores, con vientos fuertes e incluso oleajes tempestuosos”. Entre
esas “pruebas mayores”, Xi ha enfatizado de manera reiterada la seguridad
energética: entre 2013 y 2024, mencionó explícitamente ese concepto en al menos
180 discursos, reuniones y actividades oficiales. Tras la invasión rusa a
Ucrania, Pekín empezó a identificarla como uno de los pilares más sensibles de
su seguridad nacional.
Durante
los años noventa y hasta entrada la década de 2020, China fue un exportador
neto de energía. Sin embargo, desde 2022 importa cerca del 20 % de sus
necesidades energéticas. Aunque, en comparación con Japón —que importó
alrededor del 87 % de su energía en 2023— y la Unión Europea —que importó
aproximadamente el 66 %— China se encuentra en una posición relativamente
estable, también es el mayor importador de crudo del planeta, responsable del
25 % de las compras globales, y el mayor importador de gas natural. Según datos
del CSIS, en 2024 China importó el 74 % del petróleo que consumió y el 42 % de
su gas natural. Estados Unidos, por contraste, es desde 2018 el principal
productor de petróleo del mundo y, desde 2019, un exportador neto de energía
—algo que no ocurría desde los años cincuenta—, gracias a la revolución del
fracking y a la expansión de infraestructura para exportar gas natural licuado.
Consciente
de su vulnerabilidad, Pekín ha buscado aumentar su soberanía energética
diversificando su matriz. En 2024, el país instaló 278 gigavatios en energía
solar, superando en ese entonces la capacidad instalada en Estados Unidos, y
aumentó en 18 % su capacidad de energía eólica instalada, un ritmo entre tres y
cuatro veces mayor que Europa y seis veces más que Estados Unidos. Esto ha sido
posible gracias al financiamiento público y paraestatal: según BloombergNEF,
los bancos y firmas de inversión con respaldo estatal habrían proveído, hasta
2024, alrededor de USD$ 818.000 millones de dólares. Sin embargo, a pesar de
estas inversiones, el país sigue dependiendo estructuralmente del crudo y el
gas importados.
Entre
2021 y 2024, China aumentó su importación de gas natural por gasoducto
proveniente de Rusia del 13 al 38 %, principalmente por el gasoducto el Power
of Siberia 1. Similarmente, las exportaciones de crudo ruso aumentaron de menos
del 16 % a casi el 20 %, y las de gas natural licuado del 6 al 11 % en este
mismo período. Ahora, aunque este es un aumento importante, inclusive en
momentos en los que Rusia está siendo sancionado por la Guerra en Ucrania, su
alta demanda energética hace que más de la mitad del crudo que llega a China
provenga del Medio Oriente, donde las importaciones también han aumentado.
En
el caso del crudo iraní redistribuido vía Malasia: este pasó de 12,5 millones
de toneladas métricas en 2020 a 70,2 millones en 2024, un aumento del 461 %.
China es el principal comprador del petróleo que exporta Irán, adquiriendo más
del 80 %, lo que equivale a un promedio de 1,38 millones de barriles diarios.
Además, las refinerías chinas obtienen descuentos de entre 8 y 10 dólares por
barril en el crudo ligero iraní, lo que lo convierte en un insumo especialmente
atractivo para una economía de alta demanda energética.
En
el caso del crudo iraní redistribuido vía Malasia: este pasó de 12,5 millones
de toneladas métricas en 2020 a 70,2 millones en 2024, un aumento del 461 %.
China es el principal comprador del petróleo que exporta Irán, adquiriendo más
del 80 %, lo que equivale a un promedio de 1,38 millones de barriles diarios.
Además, las refinerías chinas obtienen descuentos de entre 8 y 10 dólares por
barril en el crudo ligero iraní, lo que lo convierte en un insumo especialmente
atractivo para una economía de alta demanda energética.
En
cuanto a Venezuela, se estima que en 2025, el país sudamericano exportó a China
un promedio de 642.000 barriles diarios, equivalentes a aproximadamente el 75 %
de los 847.000 barriles exportados en total, según datos internos de PDVSA.
Aunque esa cifra ha disminuido, no solo por los decomisos de cargamentos
sancionados ordenados por la administración Trump, sino también por la decisión
de Washington de estrechar el control sobre el flujo del crudo venezolano,
Pekín ya habría adquirido millones de barriles durante 2025. Según Reuters,
consultoras como Kpler y Vortexa estiman que entre 43 y 52 millones de barriles
venezolanos están actualmente en ruta hacia Asia, lo que sugiere que China no
tiene, por el momento, urgencia en buscar un proveedor alternativo.
Hacia
2030, según expertos, la demanda energética de China podría aumentar en 400
teravatios hora, impulsada por el crecimiento de los centros de datos y de la
inteligencia artificial, sectores que concentran una parte creciente del valor
económico global y que consumen enormes cantidades de energía. Solo en 2025, se
estima que los centros de datos chinos utilizaron entre 150 y 200 teravatios
hora de electricidad, equivalente al 15,2 % del consumo total del país. De esta
manera, controlar las fuentes de suministro energético se vuelve crucial: tanto
en la competencia geopolítica actual —y la que definirá el futuro de la
inteligencia artificial— a soberanía energética será determinante. Y, por
ahora, en ese frente, China está perdiendo la contienda.
Tomado
de: https://www.semana.com/opinion/articulo/la-seguridad-energetica-de-pekin/202601/
NOTA:
https://www.portafolio.co/energia/estas-son-las-cuantiosas-perdidas-por-consumo-excesivo-de-energia-electrica-622226
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