¿Está
en riesgo la seguridad energética del país?
Fedesarrollo
estima que un escenario similar al de los años noventa reduciría el crecimiento
en 1,5 puntos, destruiría 230.000 empleos y aumentaría la pobreza. © Thanaphum
Tachakanjanapong
Natalia
Gutiérrez Jaramillo: En la actualidad se combinan varios factores que ponen en
riesgo la seguridad energética del país. Los proyectos de generación presentan
rezagos críticos: según XM, en 2021 ingresó solo el 7 por ciento de la energía
esperada; en 2022, el 27 por ciento; en 2023, el 17 por ciento; en 2024, el 25
por ciento, y faltando mes y medio para terminar 2025, apenas ha entrado en
operación el 8,5 por ciento de lo previsto. A esto se suman señales de política
pública que han desincentivado nuevas plantas térmicas e hidráulicas –las que
han evitado apagones por más de 30 años–, cuando el sector debe guiarse por
criterios técnicos y no ideológicos. También persiste la incertidumbre
regulatoria: faltan comisionados en propiedad en la CREG, hay puntos de
conexión sin resolver y se han expedido normas que afectan el mercado de
confiabilidad, dificultando atraer inversiones de entre 10 y 13 billones de
pesos anuales, necesarios para garantizar energía continua.
¿Estamos
cerca de un déficit o de apagones regionales?
N.G.:
De acuerdo con XM, Colombia enfrenta un riesgo creciente de desabastecimiento
eléctrico desde este año, con un déficit de energía firme proyectado en 1,6 por
ciento y una acentuación en 2027. La demanda crece más rápido que la capacidad
instalada: en 25 años aumentó 4,1 por ciento anual, mientras que el parque
generador solo 2,6 por ciento, lo que explica los balances negativos. XM
proyecta un déficit de 3,5 por ciento en 2027, año en el que podría presentarse
un fenómeno de El Niño que agravaría la situación. Aunque avanza la energía
solar, las fuentes hidráulica y térmica siguen siendo esenciales para
garantizar el suministro continuo.
¿Cómo
cerrar esa brecha y evitar que el sistema se tensione?
N.G.:
Lo más importante es garantizar que los proyectos de generación y transmisión
entren en operación, lo que requiere acompañamiento constante del Gobierno
nacional, reglamentar las consultas previas, agilizar los trámites de
licenciamiento ambiental y tomar acciones contundentes frente a la inseguridad
en los territorios. Además, es fundamental promover nuevos proyectos mediante
subastas bajo el principio de complementariedad tecnológica, con reglas claras
y estabilidad jurídica y regulatoria.
¿Cuál es el panorama real de entrada de nuevos proyectos?
N.G.:
Existe un retraso sistemático en el ingreso de nuevos proyectos: en los últimos
cinco años, según XM, solo el 28 por ciento de los megavatios esperados entró a
tiempo y, a mes y medio de cerrar el año, apenas ha ingresado el 8,5 por
ciento. Esto nos deja en una situación preocupante que exige medidas inmediatas
para sortear el faltante sostenido de energía. Lo mismo ocurre en el transporte
eléctrico, con retrasos de hasta 13 años en el Sistema de Transmisión Nacional
y 11 en el Regional. Las principales barreras son los trámites ambientales, la
conflictividad social y las consultas previas, que retrasan o incluso vuelven
inviables los proyectos.
N.G.:
Los actos normativos recientes, como el Decreto 1072 de 2025, han generado gran
preocupación porque imponen reglas que no se ajustan al funcionamiento real del
mercado, especialmente en la generación hidráulica. Obligar a vender “al menos
el 95 por ciento de la generación horaria” en contratos va en contravía del
principio de libre mercado de la Ley 143 de 1994 y desconoce la naturaleza del
recurso hídrico, cuya disponibilidad no puede preverse con exactitud hora a
hora. Esto expone a los generadores a sanciones, limita la optimización del
recurso y elimina el uso de la bolsa, diseñada justamente para manejar esa
variabilidad. La bolsa cumple un rol clave para ajustar oferta y demanda, y
aunque, en promedio, 80 por ciento de la energía es contratada y 20 por ciento
se negocia en bolsa, su función es esencial. De hecho, la Superservicios
advirtió en julio que los generadores hidráulicos ya muestran
sobrecontratación, lo que podría generar riesgos financieros si la tendencia
continúa.
¿Qué
condiciones mínimas debería garantizar el país antes de acelerar la
descarbonización?
N.G.:
Aunque promover la descarbonización es importante, no podemos perder de vista
que la matriz eléctrica colombiana ya es altamente renovable: en 2025, el 87
por ciento de la electricidad consumida proviene del agua, el sol y, en menor
medida, del viento. Para descarbonizar necesitamos consumir más electricidad, y
ese crecimiento debe sostenerse en la seguridad, garantizando energía
disponible incluso en los peores escenarios. Para eso existe el Cargo por
Confiabilidad, que remunera un único producto –la energía firme– y debe ser
tecnológicamente neutral, con una mezcla equilibrada de hidráulicas, térmicas y
renovables no convencionales. El problema es que hoy estamos perdiendo terreno
en seguridad energética. Las recientes resoluciones han afectado la complementariedad
tecnológica y, en la subasta de febrero de 2024, el 99 por ciento de los
megavatios asignados fueron solares y solo el 1 por ciento térmicos. Aunque la
capacidad subastada creció 12 por ciento, las Obligaciones de Energía Firme
cayeron 71 por ciento y la subasta no aseguró la energía firme que el país
requería, evidencia de que faltan señales adecuadas para que más proyectos
entren y atiendan el crecimiento del consumo.
¿Qué
medidas urgentes es necesario tomar para evitar un apagón?
N.G.:
Fedesarrollo y el Banco de Bogotá han advertido sobre el fuerte impacto de un
racionamiento. Fedesarrollo estima que un escenario similar al de los años
noventa reduciría el crecimiento en 1,5 puntos, destruiría 230.000 empleos y
aumentaría la pobreza; el Banco de Bogotá calcula que cada hora de
racionamiento costaría 200.000 millones de pesos. Para evitarlo, el país debe
avanzar en dos frentes: sumar proyectos que aporten energía firme y acelerar
nuevas líneas de transmisión. Solo en generación se requieren cerca de 69
billones de pesos para cubrir la energía faltante hasta 2029, inversión que
depende de ajustes regulatorios que devuelvan claridad y atractivo al sector:
derogar resoluciones que crean precios de escasez distintos entre tecnologías,
convocar subastas con reglas estables, promover contratación en competencia,
optimizar la asignación de capacidad de transporte, modernizar el mercado y
revisar la aplicabilidad de incentivos tributarios a las FNCER.
*Contenido elaborado con apoyo de Acolgen
Tomado de: https://www.msn.com/es-co/noticias/other/colombia-en-riesgo-de-racionamiento-de-electricidad-en-2026-acolgen-hace-preocupante-pron%C3%B3stico/ar-AA1QUKtp?ocid=msedgntp&pc=U531&cvid=5825c514f28f43a2e89d974a08f0275d&ei=126
NOTA
Ministro de Minas y Energía de Colombia Edwin Palma Egea si sabre de este tema? Su profesión es abogado y líder sindical
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