El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, y la cúpula militar. Foto: Prensa MinDefensa.
Esta
semana el presidente Gustavo Petro ordenó el bombardeo más letal durante su
gobierno. En una vereda de Calamar, Guaviare, las Fuerzas Militares dieron de
baja a 19 miembros de las disidencias de “Iván Mordisco”. Solo unos días antes,
había recibido un golpe duro del ELN. Desde una volqueta con morteros hechizos
fue bombardeada la base militar del Batallón Gustavo Rojas Pinilla en Tunja, a
pocas horas de Bogotá.
Los
dos hechos muestran lo que expertos en seguridad describen como una ofensiva
militar activa, soportada por aumentos en las cifras de operaciones, pero sin
una estrategia clara para detener el crecimiento del poder de los grupos
armados. Según un informe de inteligencia publicado por El Tiempo, los grupos
tienen actualmente alrededor de 25 mil integrantes, 15% más que a principios de
año y cerca de un 56% más que en 2023.
El
ministro de Defensa, Pedro Sánchez, destacó que el aumento de capturas y bajas
creció 18% este año. Frente a la pregunta de cuál es su estrategia para frenar
el crecimiento de los grupos respondió que saben que estos tienen una gran
capacidad de recuperación e insistió en que para que dejen de crecer hay que
atacar las rentas ilegales, que estos grupos controlan y que permiten que
tengan los recursos para reclutar a jóvenes en estos territorios.
Pero
no es claro cómo pretende romper este círculo con las operaciones que se
realizan actualmente. La falta de respuestas llega, además, en el momento de
crisis más profunda con Estados Unidos, el principal aliado de Colombia en
seguridad.
Ofensiva
sin estrategia
Este
martes, en la sala estratégica del Ministerio de Defensa, el ministro Sánchez
proyectó dos carteles para mostrar los resultados en contra de las disidencias
de “Iván Mordisco”. En el cartel del Bloque Occidental que opera en el
suroccidente y en el del Bloque Amazonas que opera en el arco amazónico la
mayoría de las fotos de los cabecillas estaban tachados porque han sido dados
de baja o se han entregado. Solo faltaban por tachar los grandes cabecillas,
entre ellos alias “Marlon” y alias “Mordisco”.
“Es
una de las ofensivas más altas que hemos tenido también durante los últimos
años”, dijo el ministro Sánchez. Esta se muestra en cifras operacionales, por
ejemplo, los combates de las Fuerzas Militares han aumentado en lo que va de
este año un 37% más que el mismo periodo del 2024.
También,
según cifras del Comando General, solo las Fuerzas Militares han capturado,
dado de baja y sometido a 3.586 integrantes de los grupos armados en lo que va
de este año, un 55% más que el mismo periodo del año anterior. Al grupo que más
se afectó fue al Clan del Golfo con 1.652, seguido por las dos facciones de
disidencias del Estado Mayor Central con 1.184, y ELN solo 395.
Los
bombardeos también se han aumentado. Con los dos bombardeos de esta semana
ordenados por Petro en Guaviare y en Arauca, la cifra llega a ocho en 2025,
tres más que en 2024. Este año, cinco fueron contra el Clan del Golfo y tres
contra las disidencias de “Mordisco”, incluidos los últimos dos.
Sin
embargo, esa alta operatividad de la nueva ofensiva aún no ha logrado frenar la
expansión en las filas de los grupos armados, incluso los grupos más golpeados
por la ofensiva. Las disidencias de “Mordisco” aumentaron un 19% su pie de
fuerza y llegan a casi 4 mil según un reporte de inteligencia publicado por El
Tiempo. El Clan del Golfo aumentó un 18% y tiene casi 9 mil miembros en total.
“Sabemos
que tienen una capacidad de recuperación criminal muy alta y es producto del
narcotráfico. Mientras exista el queso, habrá ratones”, dijo el ministro
Sánchez en la rueda de prensa.
El
ministro dice que el problema son rentas ilegales que controlan estos grupos
como el narcotráfico y la minería ilegal, y que por eso parte de la estrategia
para debilitarlos es combatir esas rentas con incautaciones y destrucción de
laboratorios, por ejemplo. También dijo que otra línea es afectar el mando y
control de estas organizaciones, que implica la persecución de objetivos de
alto valor: los cabecillas.
“¿Por
qué no se debilitan? Sí, se debilitan. No creo que ‘Iván Mordisco’ tenga hoy
fuerza en el Guaviare ni en Arauca. Está debilitándose”, dijo Petro hoy en una
ceremonia en la Escuela de Cadetes de la Policía. Allí sacó pecho de que en su
gobierno han capturado o dado de baja a 580 cabecillas de estas organizaciones,
no muy diferente a cuando el expresidente Iván Duque mostraba las cifras de
cabecillas dados de baja o capturados.
Para
Ángela Olaya, directora de la Fundación Core y exfuncionaria del Ministerio de
Defensa, la pregunta es esa ofensiva militar en qué se está enfocando.
“¿Queremos dar de baja a un liderazgo o queremos desestructurar el grupo? Creo
que el instrumento de los bombardeos nos permite matar a un montón de gente,
pero no desestructurar los grupos”, dice.
Olaya
dice que la mayoría de los nuevos reclutas que tienen los grupos armados son
jóvenes apenas mayores de 18 años, que son los que en su mayoría mueren en
estos combates y bombardeos. Por eso cuestiona que los indicadores de la
estrategia actualmente sean los combates y los bombardeos. Afirma que no hay un
plan claro sobre cómo enfrentar la fragmentación criminal y el enfrentamiento
entre grupos, que es más frecuente que el que tienen contra las fuerzas
estatales.
“Creo
que el desafío estratégico que tiene la fuerza pública en este momento es que
pueden bombardear 10 o 20 personas y al día siguiente hay el doble en las
filas, porque el reclutamiento es muy alto y los mandos medios son muy
reemplazables”, dice Elizabeth Dickinson, analista senior del International
Crisis Group.
Para
ella, las operaciones ofensivas y los bombardeos cumplen su rol para presionar
a estos grupos armados, pero dice que falta una estrategia que piense cómo
disputar el control en esas zonas de control. “Empieza y termina la operación y
todo sigue igual. Entonces, ¿cuál es la estrategia realmente para alcanzar a
tener una presencia más firme y consolidar ciertas zonas?”, dice.
“Se
ve un ministerio que recuperó la ofensiva, ¿pero esa ofensiva es contra quién?
¿Cuál es el análisis de la amenaza que hace el gobierno? Porque el análisis de
la amenaza del presidente es la Junta del Narcotráfico. No veo ninguna
operatividad contra esa amenaza”, dice Andrés Preciado, investigador del centro
de pensamiento Valor Público de la Universidad Eafit. “Es un ministerio que
hace muchas cosas, pero que estratégicamente no se nota para que las está
haciendo”, dice.
Una
nueva receta para el escenario actual
La
ofensiva militar del gobierno Petro se parece cada vez más al panorama con
gobiernos anteriores, como el de Iván Duque: cifras operacionales contra los
grupos, pero en el territorio hay un control más fuerte de los grupos armados y
crecimiento de su tropa.
Uno
de los casos más delicados es Arauca, donde opera el frente más poderoso del
ELN que en las últimas semanas atentó contra el gobernador, secuestró a cinco
soldados y realizó un ataque terrorista contra la base militar en Tunja. Esta
guerrilla es el segundo grupo armado con más pie de fuerza, pero es el segundo
grupo que menos ha logrado golpear el gobierno de Petro.
La
sensación de ir en círculos no pasa desapercibida entre algunos oficiales
veteranos. En esta ocasión, la fuerza pública está tomando decisiones en la
coyuntura más tensa con Estados Unidos, su principal aliado estratégico en
temas de seguridad hace 30 años. Se trata del socio que fue fundamental para
planear en su momento el cambio estratégico que le permitió a las Fuerzas
Militares responder al cambio operacional de las Farc después del fracaso del
proceso de paz del Caguán.
La
orden de Petro de frenar la cooperación de inteligencia con las agencias de
seguridad estadounidenses y su posterior reculada es una muestra de la
incertidumbre en las relaciones internacionales del sector Defensa. Un
escalamiento del conflicto en Venezuela genera el riesgo de una presión aún
mayor entre las fuerzas frente a su relación con Petro y con Washington, que
hoy por ejemplo apoya a las fuerzas militares ante la amenaza de los drones por
parte de los grupos armados.
Para
la analista Dickinson del Crisis Group hay sectores en las Fuerzas Militares
que tienen clara la necesidad de una nueva estrategia contra los grupos
armados, pero cree que hay poco espacio para una discusión en profundidad ante
la cantidad y la urgencia de las amenazas. “Por apagar incendios todos los días
no hay esa capacidad estratégica de tomar un paso atrás”, dice.
Según
Preciado, de Valor Público, el Ministerio de Defensa debería ser más
transparente sobre el pie de fuerza y la obsolescencia de las capacidades
militares que tenemos actualmente, como los helicópteros. Esto es clave para
saber qué tanto podemos enfrentar la realidad actual en la que los grupos
innovan mucho más rápido que la fuerza pública, por ejemplo, con el uso de
drones cargados con explosivos para cometer atentados, que terminan afectando a
la población civil.
Frente
a la inteligencia, Ángela Olaya dice que actualmente la fuerza pública aún
tiene buena información de este tipo. Para ella lo clave es qué hacemos con
ella y a dónde está llegando esa inteligencia. “La información existe. ¿Cuál es
la dificultad? Es cómo utilizas esa información de inteligencia para generar
estrategias de seguridad”, dice.
Para
el exviceministro de Defensa, Alberto Lara, más allá de las rentas ilegales el
verdadero poder de estas estructuras es el control territorial y en eso falta
una estrategia certera. “Hay que encontrar la política que haga efectivo el
Estado en los territorios más conflictivos. Eliminar la gobernanza criminal,
ahí está el oxígeno del crimen organizado, su control social y territorial”,
dice.
En
ese control social entra, por ejemplo, uno de los mayores desafíos
operacionales para los militares y policías actualmente: las asonadas, tumultos
violentos de personas que se enfrentan contra la fuerza pública presionados por
los grupos armados. Este año han ocurrido 33, un 38% más que el año pasado.
Este es un problema para el que la fuerza pública no tiene una estrategia
clara.
La
ausencia de una respuesta clara no solo persigue al gobierno Petro. También
llegará a las elecciones de 2026 en medio de una ofensiva que se parece ya a lo
que proponen a grandes rasgos varios candidatos: “el balín”. La mirada de mano
dura tendrá que elaborarse sobre un panorama de seguridad en el que ya se está
intentando sin resultados estructurales presionar más duro a estos grupos.
Tomado
de: https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/ofensiva-sin-estrategia-grupos-armados-crecen-a-pesar-de-golpes-del-gobierno-petro/
Por:
Santiago
Rodríguez Álvarez Periodista Posconflicto
Soy el periodista de paz y
conflicto de La Silla Vacía
NOTA:
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