Estrategia del Gobierno colombiano frente a los ataques con drones de los grupos armados ilegales
La respuesta del Estado requiere una estrategia integral de defensa antidrones, que combine tecnología, inteligencia, operaciones de seguridad, control del mercado de drones y protección de la población civil.
No conviene abordar el problema exclusivamente desde la capacidad militar: también es necesario afectar las redes que suministran, modifican, financian y facilitan el empleo de estos equipos.
1. Diagnóstico de la amenaza
Las cifras disponibles muestran la dimensión del problema:
Según la Fundación Ideas para la Paz (FIP), entre 2023 y el 1 de octubre de 2026 se registraron 716 ataques con drones.
Durante 2026 se contabilizaron 318 ataques hasta esa fecha.
El 71 % de los hechos se concentró en Cauca, Chocó, Valle del Cauca y Norte de Santander.
La FIP atribuye el 72 % de los ataques al Estado Mayor Central (EMC) y el 23 % al ELN.
FIP
Esto demuestra que la amenaza no se limita a los equipos aéreos: también depende de redes de abastecimiento, operadores, financiación, información y control territorial.
2. Líneas estratégicas que podría adoptar el Gobierno
A. Crear una defensa antidrones de alcance nacional
Desarrollar un sistema integrado de detección y alerta temprana.
Dotar progresivamente a las unidades militares y policiales más expuestas de equipos de protección.
Combinar diferentes tecnologías de detección y neutralización, sin depender exclusivamente de inhibidores de señales.
Establecer protocolos de protección para instalaciones militares, estaciones de Policía e infraestructura estratégica.
Un aspecto importante es que algunos drones utilizan conexiones por fibra óptica, lo que limita la efectividad de los sistemas que dependen de interferir las comunicaciones inalámbricas.
El Gobierno ya anunció el proyecto Escudo Nacional Antidrones, con una inversión anunciada superior a $6,3 billones. En marzo de 2026, el Ministerio de Defensa informó que se encontraba estructurando la adquisición de diferentes sistemas antidrones.
B. Golpear las redes logísticas y de abastecimiento
La política de seguridad debería investigar y desarticular las redes que permiten a los grupos armados:
Conseguir drones comerciales y sus componentes.
Obtener explosivos y otros materiales utilizados ilegalmente.
Financiar la adquisición de equipos.
Capacitar operadores.
Facilitar transporte, almacenamiento y distribución.
Es importante investigar tanto a los responsables materiales de los ataques como a quienes sostienen económicamente y logísticamente esa capacidad.
La FIP ha señalado la importancia de afectar los nodos que permiten a estas organizaciones mantener y fortalecer sus capacidades operativas.
C. Fortalecer la inteligencia militar y policial
Se requiere mejorar la coordinación entre:
Inteligencia de las Fuerzas Militares.
Policía Nacional.
Fiscalía General de la Nación.
DIAN.
Autoridades de control aeronáutico.
Organismos de inteligencia financiera.
El propósito debe ser identificar las redes responsables, documentar los delitos, judicializar a sus integrantes y evitar que las estructuras reconstruyan rápidamente sus capacidades.
D. Proteger a la población civil
Esta línea debe tener prioridad en los municipios más afectados.
Se propone:
Establecer sistemas de alerta temprana para comunidades rurales.
Crear protocolos de protección y evacuación ante amenazas de drones.
Capacitar a autoridades locales y organismos de socorro.
Proteger escuelas, centros de salud y lugares de concentración comunitaria.
Investigar los ataques que ocasionen víctimas civiles y garantizar atención a los afectados.
La ONU ha advertido sobre los riesgos humanitarios asociados al uso de drones armados en Colombia.
E. Regular el comercio de drones sin afectar a los usuarios legales
El Gobierno debe fortalecer los controles sobre la importación, comercialización y trazabilidad de drones y componentes.
La DIAN implementó, desde enero de 2026, nuevas disposiciones para controlar la importación de estos equipos y sus partes.
La regulación debe distinguir entre:
Usuarios comerciales e industriales.
Actividades agrícolas.
Investigación y educación.
Actividades recreativas.
Utilización criminal de aeronaves no tripuladas.
No se debería convertir una herramienta tecnológica de uso civil en un producto indiscriminadamente prohibido.
F. Recuperar el control territorial
La defensa tecnológica debe acompañarse de una estrategia de seguridad territorial que incluya:
Presencia permanente de las instituciones del Estado.
Fortalecimiento de la justicia local.
Lucha contra las economías ilícitas.
Protección de líderes sociales y comunidades.
Programas de sustitución de economías ilegales y desarrollo rural.
Prevención del reclutamiento de jóvenes por organizaciones armadas.
Sin presencia institucional y control territorial, las organizaciones armadas pueden conservar las condiciones para continuar desarrollando nuevas modalidades de ataque.
3. Plan de ejecución por etapas
Etapa | Plazo | Acciones principales |
|---|---|---|
Primera | 0-6 meses | Proteger unidades militares y policiales de mayor riesgo; establecer alertas y protocolos de emergencia. |
Segunda | 6-18 meses | Ampliar la cobertura antidrones, fortalecer inteligencia e investigaciones judiciales y financieras. |
Tercera | 18-36 meses | Consolidar el control territorial, desarticular redes logísticas y fortalecer la presencia institucional. |
4. ¿Cómo medir los resultados?
El Gobierno debería establecer indicadores verificables:
Reducción del número de ataques exitosos con drones.
Disminución de militares, policías y civiles muertos o heridos.
Número de redes criminales desarticuladas y judicializadas.
Cantidad de unidades militares y policiales protegidas.
Reducción de los ataques contra infraestructura estratégica.
Disminución del reclutamiento de operadores por parte de los grupos armados.
Cobertura de los sistemas de alerta y protección de las comunidades.
5. Documentos y fuentes para profundizar
Estas son algunas fuentes relevantes para estudiar el problema y formular una política pública:
6. Conclusión estratégica
La discusión de política pública debería centrarse en cinco componentes complementarios:
Defensa tecnológica: detectar y neutralizar las amenazas aéreas.
Inteligencia: anticipar los ataques e identificar a los responsables.
Desarticulación logística: afectar las redes de suministro, financiación y capacitación.
Protección ciudadana: reducir los riesgos para las comunidades.
Control territorial: impedir que los grupos armados consoliden espacios de dominio.
Una consideración fundamental es que el Gobierno no debe medir el éxito de su estrategia por la cantidad de drones derribados o equipos incautados, sino por la reducción efectiva de ataques, víctimas y capacidad de las organizaciones armadas para repetirlos.
Mi recomendación para un documento de política de seguridad nacional sería desarrollar esta propuesta bajo el título:
«Estrategia Nacional Integral para la Prevención y Neutralización de Ataques con Sistemas Aéreos No Tripulados (Drones) por parte de Grupos Armados Ilegales en Colombia, 2026-2030».
Este enfoque permitiría convertir las acciones aisladas en una política pública con presupuesto, responsables institucionales, cronograma e indicadores de resultados.
NOTA:
OSINT (significa Inteligencia de Fuentes Abiertas. Consiste en obtener, procesar y analizar información disponible públicamente para responder preguntas de investigación, apoyar decisiones o evaluar riesgos. No implica hackeo ni acceso no autorizado; todo proviene de fuentes legales y abiertas).

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