Narcos y grupos armados colombianos estarían enviando
combatientes a Ucrania para entrenarse en el uso de drones, según informe

El diario Financial Times reportó que redes criminales
buscan aprender tácticas desarrolladas en el frente ucraniano y aplicar esas
habilidades en el conflicto interno, en medio del relevo presidencial y del
deterioro de la seguridad
Financial Times informó el jueves 6 de agosto que
grupos armados y carteles del narcotráfico de Colombia estarían enviando
combatientes a Ucrania para aprender guerra con drones y trasladar luego esas
capacidades al conflicto interno, una dinámica que coincide con el relevo
presidencial y con un deterioro de la posición de seguridad del Estado.
Este riesgo ya tiene una dimensión medible. Según el
Ministerio de Defensa registró 264 ataques con drones entre 2024 y 2025, y las
Fuerzas Militares afirman haber neutralizado el 96% mediante interferencia de
radiofrecuencia o destrucción directa de los aparatos.
En enero, el gobierno anunció un plan de USD 1.600
millones para un escudo antidrones con sistemas fijos y móviles de detección e
inhibición.
Según el medio británico, el punto de partida de la
investigación fue el hallazgo de un voluntario colombiano en el frente
ucraniano, que detectó vínculos entre algunos compatriotas alistados allí y
estructuras criminales de su país. Taras Palianytsia, funcionario del Centro de
Reclutamiento Extranjero del Ministerio de Defensa de Ucrania, dijo que esos
hombres fueron “enviados a casa”.
Un cooperante colombiano en Ucrania, citado por el diario
londinense, describió una red de captación en la que antiguos enemigos
comparten aprendizaje militar.
“La estrategia de reclutamiento es muy compleja, pero lo
que más me preocupa es el nivel de especialización que están adquiriendo”,
afirmó. “Aquí ex paramilitares, ex guerrilleros y ex soldados luchan y aprenden
juntos a manejar drones”.
La publicación sostiene que los grupos armados ya emplean
drones comerciales modificados para lanzar explosivos, pero todavía buscan
incorporar destrezas técnicas desarrolladas en el campo de batalla ucraniano.
Entre ellas figuran el pilotaje en primera persona, el cifrado de las
comunicaciones entre operador y aeronave y la instalación de cargas explosivas
sobre la estructura del dron.
Un piloto colombiano consultado por el mismo medio
explicó que los drones FPV ya comenzaron a usarse en Colombia, pero que los
carteles intentan importar dos capacidades que todavía no controlan plenamente:
proteger el enlace de comunicaciones y montar de manera adecuada la carga
explosiva.
También buscan aprender el uso de drones conectados por
cables de fibra óptica ultrafinos a sistemas en tierra para evitar la
interferencia electrónica del ejército, una táctica aplicada en la guerra entre
Rusia y Ucrania y adoptada por Hezbolá contra Israel.
El ministro de Defensa saliente Pedro Sánchez dijo a Financial
Times que la expansión de esta tecnología ya alteró las condiciones de
combate. “La industria de los drones se ha disparado y los delincuentes han
adaptado la tecnología para los ataques, lo que supone un gran desafío para la
supremacía aérea en el campo de batalla”, señaló.
Ese cambio quedó expuesto en varios episodios recientes.
En diciembre, un ataque contra una base militar dejó siete uniformados muertos;
en abril, drones mataron a tres soldados cerca de la frontera con Ecuador y
alcanzaron un sistema de radar militar en Cauca; en mayo, una patrulla fue
atacada en una zona cocalera, con un soldado muerto y seis heridos.
Analistas de seguridad, citados por la publicación,
sostienen que la prioridad del Estado debería ser impedir la transferencia de
conocimientos adquiridos por colombianos que combatieron en Ucrania y regresan
al país.
Sánchez definió esa migración como una “triste realidad”
vinculada a la diferencia entre los salarios ofrecidos en el extranjero y las
bajas pensiones de muchos veteranos colombianos. El diario añade que hasta 500
veteranos colombianos han muerto en Ucrania en los cuatro años transcurridos
desde la invasión rusa a gran escala.
De acuerdo con Naciones Unidas, unos 10.000 connacionales
han sido reclutados como mercenarios en el mundo durante los últimos 11 años.
La experiencia de exmilitares formados en más de 50 años de conflicto interno
convirtió a los colombianos en actores recurrentes en guerras como las de Sudán
del Sur, Yemen y Ucrania.
El artículo también ubica el fenómeno en la transición
política colombiana. Gustavo Petro cuestionó el año pasado el trato dado a los
colombianos en Ucrania, afirmó que eran tratados como “raza inferior” y pidió
el retorno de quienes estaban siendo usados como “carne de cañón”.
Su gobierno intentó reducir esos incentivos con aumentos
salariales para las Fuerzas Militares y con la ratificación de la convención de
la ONU de 1989 contra el reclutamiento de mercenarios.
La investigación vincula el avance de estas amenazas con
el crecimiento de las economías ilegales durante los años de la política de
“paz total”. Tras el acuerdo de paz firmado en 2016 con las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, varias facciones disidentes mantuvieron la guerra
contra el Estado, mientras narcotráfico, minería ilegal y crimen organizado
siguieron financiando a los grupos armados.
La subdirectora para América Latina de International
Crisis Group, Elizabeth Dickinson, resumió el deterioro con una definición
concreta: “el ejército ha perdido el monopolio del espacio aéreo, lo que
representa una amenaza”. Según la publicación británica, esa es la posición
desde la que arrancará el nuevo gobierno.
NOTA: Tomado de:
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