Militares activan dos drones de EE. UU. en cielos ecuatorianos
Dos
drones de EE. UU. en cielos ecuatorianos ejecutan labores de reconocimiento
contra rutas de economías criminales.
Ana
Lucía Freire
El
rastreo de rutas estratégicas y corredores fluviales incorpora equipamiento
aéreo no tripulado de largo alcance. En el marco de la cooperación militar
bilateral para enfrentar al narcotráfico, el despliegue de drones de EE.UU. en
cielos ecuatorianos se formalizó durante los primeros días de octubre de 2026,
con dos unidades modelo MQ-9 Reaper operando en tareas de inteligencia,
vigilancia y reconocimiento para neutralizar las operaciones de grupos
delictivos transnacionales.

Los
MQ-9 Reapers se usan para actividades de vigilancia, pero también pueden ser
utilizados en operaciones ofensivas. Foto: EFE •
Monitoreo
táctico con drones de EE. UU. en cielos ecuatorianos
La
presencia y actividad de los drones de EE. UU. en cielos ecuatorianos fue
ratificada por el ministro de Defensa Nacional, Gian Carlo Loffredo, quien
precisó que ambas aeronaves fueron transferidas desde bases del Comando para
África.
Según
informa The New York Times, las Fuerzas Armadas estadounidenses trasladaron
varios drones MQ-9 Reaper desde el continente africano hacia Colombia y
Ecuador, citando a dos funcionarios con conocimiento de la decisión bajo
condición de anonimato.
La
llegada de estos artefactos busca fortalecer las capacidades operativas del
Bloque de Seguridad para anticipar amenazas y limitar los desplazamientos de
organizaciones dedicadas al tráfico de alcaloides, integrándose a una
estrategia hemisférica que contempla acciones conjuntas en la región.
Sensores
avanzados y especificaciones técnicas de vuelo
Desarrollados
por la empresa General Atomics, los MQ-9 Reaper miden 11 metros de longitud y
20 metros de envergadura, alcanzando velocidades que se sitúan entre 425 y 480
kilómetros por hora.
Las
aeronaves poseen una capacidad de transporte de hasta 1 746 kilogramos, un
techo de vuelo de 45 000 pies y autonomía para mantenerse en el aire durante 27
horas consecutivas. Su estructura alberga radar multimodo, sensores
electroópticos e infrarrojos, sistemas térmicos y receptores de señales
electrónicas para intervenir comunicaciones, además de seis anclajes aptos para
misiles Hellfire y bombas guiadas, con un costo cercano a los 50 millones de
dólares por nave.
Soberanía
en bases militares y coordinación operacional
Las
operaciones que se ejecutan en suelo firme y dentro del mar territorial se
planifican conjuntamente entre el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del
Ecuador y el Comando Sur de los Estados Unidos.
En
aguas internacionales, las fuerzas navales estadounidenses interceptan
embarcaciones y entregan a los ciudadanos ecuatorianos a las autoridades
locales para su respectivo juzgamiento penal. La cartera de Defensa recalcó que
todas las bases del territorio permanecen bajo control nacional, en
cumplimiento del mandato constitucional que prohíbe instalaciones extranjeras;
el soporte logístico contempla buques que atracan en Manta, lanchas en San
Lorenzo y apoyo técnico en la Base Aérea Taura, en Guayas, donde se proyecta un
centro multinacional de inteligencia.
Preguntas
frecuentes
¿Cuántos
drones de Estados Unidos en cielos ecuatorianos operan actualmente?
Operan
dos aeronaves militares no tripuladas modelo MQ-9 Reaper.
Los
equipos llegaron a inicios de octubre de 2026 transferidos desde el Comando de
Estados Unidos para África como parte de los convenios bilaterales de defensa.
¿Qué
capacidades técnicas tienen los drones de Estados Unidos en cielos
ecuatorianos?
Disponen
de hasta 27 horas de autonomía de vuelo, velocidad de 480 km/h y altitud de
45.000 pies.
Cuentan
con radares multimodo, cámaras electroópticas e infrarrojas y puntos de anclaje
para armamento guiado de precisión.
¿Qué
función cumplen los drones de Estados Unidos en cielos ecuatorianos para la
seguridad?
Ejecutan
tareas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento para el Bloque de
Seguridad.
Su
objetivo central consiste en detectar movimientos vinculados a economías
criminales y restringir los corredores de transporte de sustancias ilícitas.
¿Desde
qué instalaciones operan los drones de Estados Unidos en cielos ecuatorianos?
Operan
coordinados con bases ecuatorianas, destacando la infraestructura logística de
la Base Aérea Taura en Guayas.
El
Ministerio de Defensa precisó que todas las instalaciones se mantienen bajo
estricta administración y soberanía nacional, respetando la prohibición
constitucional de bases extranjeras.
¿Cómo
se planifican los vuelos de los drones de Estados Unidos en cielos
ecuatorianos?
De
forma conjunta entre el Comando Conjunto de las FF. AA. del Ecuador y el
Comando Sur de EE. UU.
Los
operativos en suelo y mar territorial requieren coordinación binacional,
mientras que las aprehensiones en aguas internacionales son ejecutadas por
fuerzas de EE. UU. y judicializadas en Ecuador.
El
ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo, confirmó el despliegue a EL COMERCIO.
“Los Reaper ya están empezando a hacer actividades acá. Recién llegaron, llegan
por partes, ensamblan, se les da mantenimiento y empiezan las operaciones”,
precisó.
Dijo
que todavía no puede hablar de misiones específicas ya ejecutadas. En términos
generales, las aeronaves cooperarán en el control de la frontera norte, en el
control de aguas territoriales y en operaciones puntuales.
Desde
el anuncio oficial del 8 de octubre, Loffredo sostiene que con estos aparatos
se cubre la totalidad del límite con Colombia.
El
despliegue se suma a una decisión que el presidente Daniel Noboa anunció el 22
de septiembre. Taura concentrará la asistencia militar de Estados Unidos, la
Unión Europea y Brasil.
¿Por
qué Ecuador recibe los drones y Colombia todavía espera?
Del
otro lado de la frontera, este tipo de drones MQ-9 Reaper aún no han llegado.
Colombia
acordó recibir tres aeronaves en préstamo y evalúa comprar una cuarta. Las
entregas siguen sin confirmarse. Ecuador, en cambio, las recibió en cooperación
y el Ministerio de Defensa dice que ya empezaron actividades. Colombia fue
durante dos décadas el principal destino de la asistencia militar
estadounidense en la región, en el marco del Plan Colombia.
Javier
Flórez, director del área de Conflicto y Seguridad de la Fundación Ideas para
la Paz, atribuye la diferencia a los tiempos de cada alianza. “La alianza del
gobierno de Ecuador con el gobierno de Estados Unidos, con la llegada del
presidente Trump y la llegada del presidente Noboa, lleva más tiempo de
maduración”. Ese proceso, señala, sumado a la incorporación del Ecuador al
Escudo de las Américas, produjo resultados más pronto.
En
Colombia el calendario es otro. El gobierno de Abelardo de la Espriella lleva
dos meses. La cooperación militar y de inteligencia nunca se interrumpió,
precisa Flórez, pero se minimizó durante los dos últimos años de la
administración de Gustavo Petro y generó desconfianza en Washington.
El
analista no descarta que la figura cambie. Recuerda que, en la época del Plan
Colombia, varios préstamos iniciales terminaron convertidos en donaciones.
Qué
grupos armados operan en la frontera entre Ecuador y Colombia
Los
Comandos de la Frontera – Ejército Bolivariano mantienen una presencia fuerte
en Sucumbíos, según Flórez. La Coordinadora Guerrillera del Pacífico, de la
misma estructura, se mueve entre Nariño, en Colombia, y el lado ecuatoriano de
Tulcán y Esmeraldas.
“Son
organizaciones que van más allá de nuestras fronteras”, señaló el analista. Y
describió esos límites como “demasiado porosos”.
Su
alcance no se detiene en la línea fronteriza. El viernes 9 de mayo de 2025,
once militares ecuatorianos fueron asesinados en una emboscada en Alto Punino,
en Orellana, mientras cumplían operativos contra la minería ilegal. El Ejército
señaló como responsables a los Comandos de la Frontera. Alto Punino queda en el
interior de la Amazonía, fuera de la franja fronteriza.
¿Qué
distingue a los drones MQ-9 Reaper de un dron común?
Un
dron de fotografía pesa entre uno y diez kilos, vuela media hora con batería y
se aleja unos pocos kilómetros de quien lo maneja. Estas aeronaves pesan entre
4,7 y 5,3 toneladas al despegue y llevan un motor turbohélice de 900 caballos
de fuerza.
“Uno
es un equipo que cabe en una mochila y el otro es un avión sin piloto a bordo”,
resume Esteban Valencia, profesor de Ingeniería Mecánica de la Escuela
Politécnica Nacional (EPN).
El ala
larga y delgada, parecida a la de un planeador, le permite sostenerse gastando
poco. El tamaño sirve para cargar cerca de 1,8 toneladas de combustible, llevar
sensores de cientos de kilos y alimentar un enlace satelital. Lo que se gana
con todo eso, dice Valencia, es permanencia: la aeronave puede quedarse un día
entero sobre la misma zona.
En
tierra exige más de lo que sugiere la palabra “dron”: una pista pavimentada de
unos 1 500 metros, hangar, combustible de aviación y una estación de control.
Por turno trabajan un piloto y un operador de sensores.
Qué
ven los sensores de los drones MQ-9 Reaper y cuándo dejan de ver.
La
aeronave observa de tres maneras, y cada una tiene un límite distinto. La
cámara óptica entrega video a color con el mayor detalle, pero necesita luz de
día y aire limpio. La infrarroja registra el calor de personas, motores y
fogatas, y trabaja igual de noche.
Ninguna
de las dos atraviesa una nube.
El
tercer sensor es el radar de apertura sintética, conocido por sus siglas en
inglés como SAR. Emite su propia señal de microondas y arma una imagen con el
eco que regresa. Se llama así porque el movimiento de la aeronave permite
simular una antena mucho más grande de la que cabría a bordo. Funciona de noche
y a través de las nubes, pero entrega formas y movimiento, sin color ni rasgos.
“Permite
saber que hay una lancha en el río”, explica Valencia. “Identificar a quien va
en ella es tarea de la cámara”.
¿Qué
pasa bajo la copa de los árboles?
El
infrarrojo mide la temperatura de la primera superficie que encuentra. En selva
cerrada, esa superficie es la copa. El grupo de investigación en Aeronáutica y
Termofluidos Aplicada de la EPN lo comprobó con cámaras térmicas montadas en
drones pequeños en la Amazonía: sobre dosel continuo solo se observa el follaje.
El
clima impone otro límite. Valencia cuenta que, para su propio trabajo con
drones pequeños en la Sierra, su equipo planifica con un criterio conservador:
cerca del 40% de jornadas perdidas por nubosidad. El norte de Esmeraldas y la
Amazonía de Sucumbíos, donde volarán los Reaper, están entre las zonas más
lluviosas del país.
Esto
dice el Ministerio de Defensa sobre los drones MQ-9 Reaper
El
ministro Loffredo describió así las aeronaves.
“Estos
drones Reaper son de última tecnología, vuelan a 45 mil pies de altura. O sea,
son indetectables por las personas que están operando. Tienen una autonomía de
más de 27 horas de duración. Tienen diferentes tipos de sensores y cámaras y
aparte inteligencia artificial, que permiten tener una ventaja a la hora de
detectar embarcaciones, vehículos, personas, porque pueden identificar hasta
rostros. Y además de tener la capacidad de hacer vigilancia, también tienen la
capacidad de ser ofensivos”.
Valencia
sitúa la altura habitual de trabajo de esta categoría de aeronave cerca de los
7 500 metros, es decir unos 24 600 pies, y el techo entre los 14 mil y los 15
mil metros.
Consultado
sobre cómo opera esa tecnología frente a la vegetación de la frontera, el
ministro respondió: “Estamos hablando de equipos que tienen capacidad de
detectar una huella térmica, de ver en la oscuridad con infrarrojo, de cruzar
inclusive el follaje de la jungla con tecnología lidar. Y aparte, como tienen
inteligencia artificial, van aprendiendo conforme van observando”.
Ante
la pregunta de si estas aeronaves cuentan con radar de apertura sintética,
dijo: “No. Un radar de apertura sintética es un radar fijo. Estos tienen
sensores electroópticos. No es lo mismo que un radar, y tienen estas otras
capacidades como FLIR, termal, entre otras cosas”.
Lo que
alcanza a detectar la vigilancia aérea y lo que no distingue
El
ministro enumeró los objetivos. Campamentos de grupos colombianos que cruzan
hacia el Ecuador, operaciones antinarcóticos, minería ilegal y tráfico de
hidrocarburos. Esa tercera actividad, la minería ilegal, es la que combatían
los once militares que murieron en Alto Punino.
Mario
Pazmiño, coronel en retiro y exdirector de Inteligencia del Ejército
ecuatoriano, confirma que buena parte de eso sí se ve desde el aire. La minería
ilegal resulta fácilmente detectable por las explotaciones junto a los ríos, y
las bocatomas se ubican sin dificultad. También los campamentos, los
laboratorios, los desplazamientos fluviales y los pasos que funcionan como
senderos.
El
límite aparece después
“Una
cosa es detectar esos puntos rojos en una zona de un espacio territorial”,
explica, “y otra muy diferente es decir cuál de esos puntos es del comandante,
en qué sector, dónde están las armas, dónde está ubicada la cocaína, dónde está
ubicado el oro que han ido explotando”. Los financistas, agrega, no aparecen en
ninguna imagen. El aporte de estas aeronaves es importante, concluye, pero no
trascendental. Para él, lo determinante es la inteligencia humana.
¿Qué
pasa después de que un sensor detecta algo?
Pazmiño
describe cómo debería circular esa información. Centros de análisis en Lago
Agrio, Atuntaqui y Quito reciben datos de distintas fuentes y los fusionan. Las
aeronaves aportan a ese proceso, pero la mayor parte de la información dice,
llega de fuerzas terrestres y de interceptaciones.
Lo que
define quién interviene es la magnitud del objetivo. Lo explica con dos
ejemplos. Si se ubica un campamento guerrillero en un sector como Palma Roja,
en Sucumbíos, actúan las unidades de esa zona con la información procesada en
Lago Agrio. Si el objetivo es mayor —cita Alto Punino, donde según él coinciden
la minería ilegal, los Comandos de la Frontera y grupos de delincuencia
organizada ecuatorianos—, el nivel sube y entran otras unidades con otro tipo
de material.
Aun
así, no cree que el Ecuador tenga hoy capacidad de intervenir de inmediato
sobre una localización hecha desde el aire. Cuando se ubica una columna
guerrillera en zona selvática, dice, desplazar un componente militar hasta ese
punto demora mucho tiempo, y en ese lapso la estructura alcanza a moverse. Su
propuesta es una fuerza de tarea conjunta en patrullaje permanente en la
frontera norte
Por
qué la guerra de drones en Colombia explica el riesgo ecuatoriano
En el
Ecuador, según el Ministerio de Defensa, los grupos armados todavía no atacan
al Estado con drones de forma sistemática.
Loffredo
lo detalló. Hubo dos ataques con drones contra la cárcel de La Roca en 2023 y
un caso en que un grupo armado organizado se voló a sí mismo al intentar uno,
en 2024. “Esos son los casos únicos que hemos tenido”, afirmó. Fuera de eso, el
Ministerio ha detectado drones usados para espiar operaciones militares y para
ingresar objetos a las penitenciarías.
En
Colombia el cuadro es otro. Según el registro de la Fuerza Pública que compila
la Fundación Ideas para la Paz, el primer ataque con dron explosivo ocurrió en
julio de 2023, en Puerto Guzmán, Putumayo. En 2024 hubo 119. En 2025 subieron a
277. Y hasta el 1 de octubre de este año sumaban 318, uno cada 20 horas. El 95%
se atribuye al Estado Mayor Central, una disidencia de las FARC, y al ELN.
El
saldo desde 2024 es de 487 personas afectadas: 401 militares y policías heridos
y 25 muertos, más 55 civiles heridos y seis muertos.
Según
esa misma fundación, los drones de fibra óptica no pueden ser detectados ni
neutralizados con inhibidores. Flórez lo confirma desde el lado del Estado: los
inhibidores tradicionales que Colombia venía adquiriendo, dice, “ya no sirven”.
Estructuras
más grandes y un negocio más rentable
Las
estructuras armadas colombianas pasaron de unos 14 mil integrantes en 2022 a
cerca de 29 mil al cierre del gobierno de Petro, entre hombres en armas y redes
de apoyo, según Flórez. Y el negocio se volvió más rentable por hectárea. Él
recuerda que cuando empezó, hace 20 años, una hectárea de coca producía en
promedio 1,1 kilos de clorhidrato de cocaína. Hoy esa misma hectárea, con unas
siete mil plantas en lugar de las 10 mil o 12 mil de entonces, llega a producir
hasta 10 kilos.
Loffredo
lo plantea como una previsión. “Estamos previendo que lo que le está sucediendo
a Colombia nos puede suceder a nosotros”, dijo.
Qué
más va a llegar a la frontera norte además de los drones
Los
Reaper no vienen solos. El ministro describió un proyecto de control fronterizo
que, según dijo, arranca este año.
Incluye
cámaras electroópticas, radares, sensores de tierra y marítimos, y clústeres
satelitales “para poder ver en tiempo real lo que está pasando en todo el
territorio ecuatoriano, incluyendo nuestra frontera norte”. También visores
nocturnos, aumentadores de visión, drones y vehículos especiales para operar en
la frontera, además de centros de control.
No dio
fecha de inicio. Calcula que en año y medio estarían completas esas
capacidades.
Así
describe el conjunto: “Son varios drones cubriendo al mismo tiempo con
diferentes capacidades. Tengo UAV que están en una capa más alta, que están
cubriendo permanentemente. Aparte tengo el clúster satelital que está viéndome
el terreno. Aparte tengo ya los drones que usan las patrullas”.
Y así
plantea la meta: un aumento del control fronterizo de alrededor del 50%. Su
razonamiento, textual: “Aumentar en 50% la capacidad de protección de nuestra
frontera disminuye en 50% lo que ingresa por nuestra frontera“. Eso, agrega,
encarece la droga. Sostiene que el precio de transportarla por el Ecuador ya se
duplicó desde que empezó el conflicto armado interno.
Por
qué más equipos no bastan, según el caso colombiano
Flórez
advierte que el problema no se resuelve comprando aparatos, y usa el
presupuesto colombiano para explicarlo.
Casi
el 80% del presupuesto del sector defensa en Colombia es inflexible. Un poco
más del 40% financia a las fuerzas militares activas y entre el 32% y el 33% a
las que están en retiro. Para inversión queda el 3,8%, que es la partida con la
que el Estado debería adaptarse al cambio tecnológico de los grupos armados.
A eso
suma un problema de operación. “Todo el mundo se queda con el presupuesto de
adquisición de un equipamiento”, señala, pero nadie mira los costos de
operarlo. El presupuesto sube con la inflación; el combustible, dice, sube al
triple.
Para
él, la cooperación internacional es útil pero insuficiente mientras no se
golpeen cuatro nodos críticos: el reclutamiento, el ecosistema de economías
criminales, el reciclaje criminal en los mandos medios y la adaptabilidad
tecnológica.
Ese
último nodo, aclara, no son solo los drones. Incluye el uso de internet
satelital, las comunicaciones cifradas y los ciberataques.
Casi
el 80% del presupuesto del sector defensa en Colombia es inflexible. Un poco
más del 40% financia a las fuerzas militares activas y entre el 32% y el 33% a
las que están en retiro. Para inversión queda el 3,8%, que es la partida con la
que el Estado debería adaptarse al cambio tecnológico de los grupos armados.
A eso
suma un problema de operación. “Todo el mundo se queda con el presupuesto de
adquisición de un equipamiento”, señala, pero nadie mira los costos de
operarlo. El presupuesto sube con la inflación; el combustible, dice, sube al
triple.
Para
él, la cooperación internacional es útil pero insuficiente mientras no se
golpeen cuatro nodos críticos: el reclutamiento, el ecosistema de economías
criminales, el reciclaje criminal en los mandos medios y la adaptabilidad
tecnológica.
Ese
último nodo, aclara, no son solo los drones. Incluye el uso de internet
satelital, las comunicaciones cifradas y los ciberataques.
Y
señala un quinto frente que considera desatendido: la inteligencia financiera,
que en Colombia califica de muy débil y en el Ecuador, de más débil todavía.
Qué se
espera en la frontera norte en los próximos meses
Pazmiño
anticipa un movimiento en el corto plazo. Colombia y Perú desarrollan
operaciones contra el crimen organizado sobre sus propias fronteras, y eso
produce desplazamiento.
Hacia
diciembre, o enero a más tardar, calcula que se verá el efecto cucaracha y el
efecto globo en las dos zonas fronterizas del Ecuador. Estructuras
narcoguerrilleras colombianas moviéndose hacia territorio ecuatoriano, y
estructuras internas buscando refugio en las grandes ciudades.
Frente
a eso, los mecanismos de coordinación binacional ya existen. Gabinetes
binacionales, mesas técnicas de seguridad, reuniones periódicas entre los
comandantes de las áreas fronterizas. Flórez los considera insuficientes. “Esos
mecanismos son más diplomáticos y simbólicos”, afirmó. Lo que hace falta,
plantea, son acuerdos concretos de control territorial apoyados en inteligencia
militar, técnica, táctica y humana.
Sobre
los Reaper, Flórez anticipa que serán una herramienta importante para
inteligencia y control territorial, y que permitirán operaciones de precisión.
Pero, añade, servirán muy poco para contrarrestar las capacidades de los drones
ofensivos.
NOTA:
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