Las masacres aumentaron en el
inicio de 2026 en comparación con 2025, en donde fueron menos. EL NUEVO SIGLO
consultó cuatro expertos en conflicto armado para consultar el porqué de ese
aumento en este inicio de año
El
inicio del segundo mes de 2026 llegó acompañado de una noticia que contradice
cualquier expectativa de tranquilidad para el país. El domingo 1 de febrero se
registró la primera masacre del mes y el número 13 en lo que va del año, una
cifra que confirma que la violencia es una constante estructural y no un hecho
aislado. Lejos de tratarse de solo asesinatos, estos crímenes responden a
dinámicas profundas de control territorial, economías ilegales y ausencia
estatal, que continúan cobrando la vida de civiles en distintas regiones.
El más reciente hecho ocurrió en el municipio de Mallama, departamento de Nariño. Hombres armados ingresaron a un bar ubicado en la vereda Chucunés y abrieron fuego contra tres personas que se encontraban departiendo en el lugar, causándoles la muerte. De acuerdo con el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), en la zona circulaban previamente panfletos con amenazas de grupos armados ilegales, lo que evidencia un alto nivel de tensión derivado de la disputa por el control del territorio.
Si
se compara este panorama con el mismo periodo de 2025, el incremento resulta
evidente. Para esta fecha del año pasado se habían documentado nueve masacres,
una cifra ya alarmante, pero inferior a la registrada en 2026. El aumento
refleja no solo una intensificación de la violencia, sino también la capacidad
de los distintos grupos armados para expandir o reafirmar su dominio mediante
el terror, especialmente en zonas rurales históricamente golpeadas por el
conflicto.
Otros
indicadores refuerzan esta preocupación. Indepaz reporta que en lo corrido de
2026 han sido asesinados nueve líderes sociales, mientras que entre enero y
comienzos de febrero de 2025 la cifra ascendía a 21. En el caso de los
firmantes del Acuerdo de Paz, hasta el momento no se han registrado asesinatos
este año, en contraste con los diez casos reportados en el mismo periodo del
año anterior. Aunque estas variaciones muestran comportamientos distintos según
el grupo poblacional, no desdibujan el panorama general de inseguridad y riesgo
en los territorios.
Con
el fin de analizar las causas de este recrudecimiento y sus posibles
implicaciones en el escenario electoral, EL NUEVO SIGLO consultó cuatro voces
expertas: el docente investigador y analista del conflicto armado Néstor
Rosanía, el promotor de paz Carlos Velandia, el excomisionado de paz Emilio
Archila y el profesor de sociología de la UNAD Camilo Cruz.
Para
el docente Néstor Rosanía, uno de los factores centrales es la transformación
del conflicto armado. Según explica, “hay una descentralización del conflicto y
cada grupo armado busca controlar territorios específicos”, lo que
inevitablemente genera choques violentos. A esto señala una constante
histórica: “la falta de presencia real del Estado en amplias zonas del país,
donde la autoridad la ejercen los actores armados ilegales”.
En
este contexto, las masacres se convierten en una herramienta de intimidación y
control. Rosanía advierte que estas dinámicas tienen un impacto directo en los
procesos democráticos, pues “el proselitismo armado se intensifica
especialmente en las elecciones regionales”, aumentando el riesgo para líderes,
candidatos y votantes.
El
promotor de paz, Carlos Velandia, coincide en que las masacres no son hechos
sin propósito. “Las masacres tienen un objetivo claro: aterrorizar, desplazar
comunidades y facilitar el control territorial”, afirma. Para él, los actuales
grupos armados operan como “señores de la guerra sin ideología”, motivados
principalmente por el lucro y el dominio local. En ese sentido, explica que la
violencia también cumple una función electoral, ya que “no buscan impedir las
elecciones, sino dominar el territorio para imponer o favorecer candidatos
afines”. Velandia subraya que hoy no existen proyectos insurgentes de toma del
poder nacional, sino estructuras criminales que han entendido que el verdadero
poder está en lo local, donde controlan economías ilegales, recursos públicos y
comunidades enteras mediante el sometimiento.
Por
su parte, el excomisionado de paz, Emilio Archila, sostiene que el aumento de
las masacres responde a decisiones acumuladas en los últimos años. “Se debilitó
la inteligencia de la Fuerza Pública, se desmontaron estrategias clave y se
ignoraron alertas tempranas”, afirma. Archila reconoce que los grupos armados
actuales “no tienen ningún límite en su accionar violento”, lo que agrava el
riesgo de interferencia en las elecciones. Según señala, ya existen
advertencias sobre zonas donde estos actores presionan líderes, restringen la
competencia política y distorsionan la libertad del voto, sin que haya una
respuesta estatal suficiente.
Por
otro lado, el docente de la UNAD Camilo Cruz enmarca el fenómeno en una lectura
más amplia y estructural. Para el sociólogo, “la violencia por control
territorial tiende a intensificarse en periodos preelectorales”, debido a
reacomodos criminales, expectativas de cambios en las políticas de seguridad y
transformaciones en los negocios ilícitos. A esto se suman factores
geopolíticos regionales, como las dinámicas en Ecuador, Venezuela y el Caribe,
que alteran las rutas y disputas de los grupos armados. Cruz enfatiza que esta
violencia busca “marcar el dominio a través del terror” y, aunque no siempre
impacta de forma decisiva el resultado nacional de las elecciones, sí genera
afectaciones profundas a nivel local, especialmente en zonas rurales, donde se
vulnera el derecho al voto y a la participación política.
Tomado de: https://www.elnuevosiglo.com.co/nacion/aumento-de-masacres-en-2026-evidencia-fortalecimiento-de-grupos-armados-en-los-territorios
NOTA:
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