sábado, 7 de febrero de 2026

Exclusivo: el ELN amenaza a Bogotá. SEMANA revela los planes terroristas para desestabilizar la ciudad. Hay seguimientos a Vicky Dávila y María Fernanda Cabal

 

SEMANA revela alarmantes informes de inteligencia de la Policía, Fiscalía y Fuerzas Militares que prueban una estrategia violenta que diseña el ELN en la capital del país.

 

Se han identificado cuatro células militares en municipios aledaños a la capital del país, como Facatativá y Chía. Foto: SEMANA

La guerrilla del ELN amenaza a Bogotá. Hay planes de atentados en curso, infiltraciones en universidades privadas y maniobras para interferir en las elecciones. SEMANA revela informes de los grupos de inteligencia de la Policía, Fiscalía y Fuerzas Militares que alertan del inminente riesgo.

Las autoridades han detectado, al menos, 30 unidades colectivas ubicadas en diez localidades que tienen la misión de impulsar la ideología de los elenos sin el uso de las armas, avanzar en las labores de inteligencia para desestabilizar el orden público de la ciudad y reclutar a jóvenes para su lucha insurgente.

Además, se han identificado cuatro células militares en municipios aledaños a la capital del país, como Facatativá y Chía, compuestas por cinco o seis personas, dedicadas a hacer seguimientos, articulación y coordinación con el frente de Guerra Urbano, la estructura del grupo armado ilegal que se encarga de penetrar las principales ciudades de Colombia para generar terror: Bogotá, Medellín, Cali, Cúcuta, Bucaramanga y Popayán.

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) concentra su operación criminal en zonas rurales, pero decidió avanzar con su frente de Guerra Urbano a las ciudades principales de Colombia. Foto: AFP

Sumado a esto, los uniformados han recibido alertas que advierten sobre la presencia de miembros de estas células urbanas del ELN en las zonas de Quiba y Mochuelo, en la localidad de Ciudad Bolívar, un corredor que ha sido disputado históricamente por las organizaciones delincuenciales para el tránsito de las economías ilegales.

En Bogotá, en el caso específico del ELN, hay preocupación por una serie de evidencias que tiene en su poder la Fiscalía sobre seguimientos a dos influyentes líderes: Vicky Dávila, candidata presidencial, que forma parte de La Gran Consulta por Colombia, y la senadora María Fernanda Cabal, del Centro Democrático. “Nunca había visto unos seguimientos tan bravos como los que les hicieron a ellas”, detalló un miembro del ente de investigación a SEMANA.

Este despliegue operativo criminal es aceitado con dineros que provienen del frente de Guerra Occidental, ubicado en la región del Pacífico, que saca provecho de las ganancias que dejan la minería ilegal, el narcotráfico y el cobro de extorsiones. De acuerdo con las investigaciones, esa plata llega hasta la capital de Antioquia, donde es distribuida por un hombre clave de la organización terrorista: alias Aláh, que además recibe instrucciones del comando central y las imparte en las zonas urbanas.

En el caso de Bogotá, el 98 por ciento de los planes terroristas que se quieren materializar en contra de las entidades públicas y privadas provienen de los cabecillas ubicados en Norte de Santander y Arauca, en la frontera con Venezuela, según la Policía. El interés por Bogotá radica en la exposición mediática y el impacto en la opinión pública que podrían generar los hechos, explicó a esta revista un fiscal que ha investigado por años los movimientos del ELN.

Pese al hermetismo de la administración distrital por el fenómeno que aquí se describe, las alertas ya llegaron hasta el Concejo de Bogotá, desde donde se presiona a las autoridades para avanzar en las investigaciones y revelar el verdadero alcance que tiene el Ejército de Liberación Nacional en la ciudad y su relación con algunos integrantes de instituciones de educación superior.

Estos son los estatutos del VI congreso que realizó el ELN en 2024. En las páginas se define la hoja de ruta de la guerrilla, sus objetivos y su estructura interna. Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

El ELN en Bogotá

Bogotá no es un escenario de conflicto abierto y, probablemente, nunca lo sea, pero tampoco es un territorio neutral. En algunas de sus universidades públicas y privadas, barrios periféricos y corredores estratégicos se mueve una forma de insurgencia que no porta fusil ni uniforme, pero que responde a una lógica armada.

Lejos de los campamentos en la selva y de los enfrentamientos rurales, la operación del ELN en Bogotá se construye en silencio. Recluta sin anunciarse, observa sin exponerse y planifica sin dejar huellas evidentes en el proceso.

Su presencia no busca controlar territorio como en otras regiones del país, sino influir, desestabilizar y preparar el terreno para acciones que, aunque se diseñan lejos de la ciudad, tendrían en la capital su mayor impacto mediático, como lo vienen advirtiendo la Fiscalía y la Policía desde hace meses. Incluso, el concejal Julián Uscátegui ya había encendido las alarmas sobre este tema y obtuvo información de la posible reorganización del ELN en la ciudad.

Pese a que la presencia del ELN en la capital está cantada, ha habido un esfuerzo de años de todas las administraciones distritales para negarlo, y si bien es cierto que las armas de ese grupo terrorista no patrullan las localidades de la capital, sí lo hacen sus banderas y sus intentos por declarar su presencia por medio del reclutamiento organizado y la zozobra alrededor de atentados.

Según los informes conocidos por esta revista, el ELN, desde su línea ideológica, ha minado al menos diez localidades de la ciudad organizando encuentros en universidades, grupos sociales y movimientos estudiantiles radicales que se han formado por años en el seno de la doctrina leninista y marxista.

Entre los mencionados grupos están la Primera Línea Suba, Escudos Azules, Movimiento Radical Antifascista, PK Molinos, Los Hijos de Usme, Portal Resistencia, Movimiento Bolivariano Jaime Bateman, TNT, Movimiento Revolucionario (MR), MJB, frente Beatriz Sotelo, Individualidades Anarquistas, Movimiento Insurgente Popular, Juventudes Camilistas Revolucionarias y el Frente Distrital Revolucionario.

“Buscaban estudiantes nuevos, con dificultades económicas. Primero los integraban socialmente, luego les daban dinero, 50.000 o 100.000 pesos". Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

 

Las puntadas han sido certeras. Desde el estallido social, la injerencia de las filas del grupo armado en Bogotá ha sido más fuerte y los intentos por atentar contra la ciudad, más latentes.

 

Uno de los aspectos más sensibles que reposan dentro de los archivos de inteligencia conocidos por SEMANA es el modus operandi del reclutamiento dentro de las universidades públicas y cinco de las privadas más importantes de la capital del país. Los documentos, que contienen más de 4.000 horas de interceptaciones, revelaron el mismo patrón.

“Buscaban estudiantes nuevos, con dificultades económicas. Primero los integraban socialmente, luego les daban dinero, 50.000 o 100.000 pesos. Después venía la ideología y la prueba del estallido”, confirmó un investigador de la Policía Metropolitana de Bogotá.

Dicha prueba de “finura” consiste en salir encapuchado a confrontar a la Policía en el denominado “tropel”. “Si el pelado aguanta, pasa a la siguiente fase. Si no, queda por fuera”, explicó la misma fuente.

Los que avanzan pueden ser vinculados de manera permanente y, eventualmente, ser evaluados para recibir entrenamiento o financiamiento externo.

Estos hechos fueron probados por un agente encubierto que sostuvo una operación durante 12 meses y que le permitió a la Fiscalía documentar 28 actos violentos en la capital del país que estarían relacionados directamente con cabecillas del frente de Guerra Urbano del ELN. A eso se sumaron interceptaciones, análisis de antenas de ubicación y allanamientos.

Las comunicaciones interceptadas revelaron una coordinación detallada. “Decían ‘nos vemos en la UP’, y, por lenguaje cifrado, sabíamos que era la Universidad Pedagógica. Ese mismo día rompían un bus. Había muchas coincidencias”, explicó el investigador.

Los informes detallaron que el modus operandi está inspirado en las estrategias de la Alemania Oriental, en la que ninguno de los integrantes de la operación conoce los detalles ni los rostros de quienes dan la orden. Después de haber sido puestos a prueba y confirmar su integración a las guerrillas urbanas, estos jóvenes son asignados a misiones que nadie conoce al detalle, ni siquiera ellos.

Frente a esta situación, el secretario de Seguridad de Bogotá, César Restrepo, aseguró que “organizaciones se infiltran dentro de los claustros académicos y desarrollan actividades que, a todas luces, no son académicas. Con el ingreso a universidades, hay agentes que están buscando reclutar personas para incluirlas en sus organizaciones. El tema del riesgo de reclutamiento es real”.

Hasta hace muy poco, fue un hombre escondido en las sombras de los pasillos de las universidades de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Cúcuta y Popayán. Foto: ESTEBAN VEGA LA-ROTTA-SEMANA

 

¿Quién da la orden?

Todas las actividades investigativas, tanto de la Fiscalía como de la Policía, conducen a un mismo punto: el enlace entre el frente Urbano del ELN y los civiles es Francisco (su nombre de pila), conocido también con el alias Aláh, quien está radicado en Medellín. En esa ciudad está instalada su base de operación central para dinamizar el ingreso del grupo armado ilegal a los centros urbanos, como Bogotá.

Dentro de las pesquisas que adelanta el ente de acusación, el hombre, perteneciente a la estructura Jorge Eliécer Gaitán del frente de Guerra Urbano, tendría el estatus de reclutador en la Universidad Nacional. Sobre Aláh pesa una investigación en la Dirección Especializada contra las Organizaciones Criminales.

Según las versiones corroboradas por las fuentes de inteligencia, Aláh no solo direcciona el reclutamiento en Bogotá, sino que extiende las líneas necesarias para captar el dinero proveniente del frente de Guerra Occidental del ELN y de Arauca, donde se presume que, con ayuda de miembros de asociaciones y movimientos radicales, transportan recursos financieros e información por medio de correos humanos para adelantar acciones entre Venezuela, Medellín y Bogotá.

El señalado articulador del frente Urbano de Guerra no supera los 35 años. Hasta hace muy poco, fue un hombre escondido en las sombras de los pasillos de las universidades de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Cúcuta y Popayán.

No fue sino hasta diciembre de 2025, cuando la Policía Metropolitana de Bogotá asestó un golpe contra un grupo de 11 investigados por terrorismo que condujo todos los caminos hacia el denominado Aláh, y desde donde rápidamente se desprendieron varias líneas de investigación para dar con su paradero y frenar la ola expansiva del ELN en la capital del país.

Planes de atentados

“El ELN es un grupo mediático, siempre ha querido hacer atentados que generen ruido y su principal blanco es Bogotá”, contó a SEMANA un fiscal que ha estudiado al ELN durante muchos años. Él reveló que la guerrilla tiene planes en desarrollo para afectar la Embajada de Estados Unidos, la sede principal del Banco de la República y el búnker de la Fiscalía, versión que fue corroborada por las agencias de inteligencia de la Policía y las Fuerzas Militares.

El ELN estaría financiando e impulsando protestas sociales en Bogotá y otras ciudades del país. Foto: ESTEBAN VEGA LA-ROTTA-SEMANA

La molestia de la guerrilla con el Gobierno norteamericano ha sido histórica. Sin embargo, en el actual escenario, el nivel de riesgo aumentó por la operación que ordenó Donald Trump en Caracas, que terminó con la captura y extradición de Nicolás Maduro a Nueva York. Públicamente, el ELN reprochó la situación y en Colombia no descartan retaliaciones.

“Nosotros estamos al tanto de las alertas y el objetivo es mitigarlas. Hoy, la embajada americana es la sede consular más custodiada del país. Hemos visto cómo han terminado las manifestaciones sociales allá; entendemos que hay riesgo. Nuestro compromiso es proteger y adelantarnos, con la coordinación de las inteligencias, a esos episodios”, dijo un alto mando de la Policía en Bogotá.

Las cadenas de comercio y los establecimientos bancarios también están bajo la lupa de los criminales, con base en las alertas que reposan en la Fiscalía y la Policía. Hay reportes de seguimiento a estas infraestructuras por parte de civiles asociados al frente de Guerra Urbano y la construcción de artefactos explosivos improvisados que pretenderían ser instalados en puntos estratégicos.

Uno de los oficiales que lidera las investigaciones sobre el terrorismo en Colombia, cuya identidad pidió omitir, sostuvo que las células del ELN actúan como sombras y bajo altos niveles de confidencialidad, para así evitar ser descubiertas por las autoridades: “Esos grupos, como máximo, los componen cinco personas”.

Antonio García y alias Pablito, cabecillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y promotores del frente de Guerra Urbano en Colombia. Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

 

La clandestinidad y el misterio de sus células urbanas fueron ratificados en el último congreso de los elenos, en 2024, cuyos estatutos son revelados por SEMANA: “Las medidas que nos ayudan de manera fundamental en este propósito son la clandestinidad y la compartimentación. La primera está referida a mantener en secreto la identidad y la ubicación de las estructuras, personas, medios, recursos, planes y la realización de actividades; la segunda apunta a que solo debe conocerse lo indispensable para desarrollar las actividades particulares, proteger al máximo la información, separar estructuras manteniendo la vida colectiva y la vigilancia revolucionaria”.

ELN y elecciones

El ELN quiere tener protagonismo en la contienda electoral de 2026. Así lo interpretan investigadores de la Policía y la Fiscalía tras recopilar material probatorio en varios puntos de Colombia: “Nunca han querido un gobierno de cambio, sino un gobierno de transición. Ellos quieren acceder al poder a través de la política, no por medio de las armas, como sí lo pretendieron hacer las Farc-EP”.

En uno de los documentos reservados de las autoridades, a los que accedió SEMANA, se reseñó: “A través de medios públicos, alias Silvana Guerrero, cabecilla del frente de Guerra Oriental, habría indicado que este grupo armado no tendría intenciones de incidir en el certamen electoral; sin embargo, a partir de la presencia de componentes armados de esta estructura en diferentes zonas del país, se tienen alertas por posibles escenarios de control electoral, incluyendo acciones terroristas y de intimidaciones, el cual estaría orientado a restringir actividades proselitistas de candidatos que no estén alineados a sus intereses”.

Un funcionario que forma parte de la mesa de seguimiento al proceso electoral, en conversación con SEMANA, indicó que las alertas emitidas por la fuerza pública ponen en evidencia que el ELN, así como otros actores criminales, tienen la misión de “generar zozobra y temor en las elecciones”.

Los archivos revelados hasta ahora trazan un mismo mapa: el ELN capitalizó a Bogotá como su principal punto de terror mediático, donde combina la ideología, el reclutamiento y el miedo selectivo. Lo que hoy se conoce es apenas una parte de la red que sigue siendo investigada. Las autoridades avanzan en recolección de pruebas para asestar uno de los golpes más contundentes contra el frente de Guerra Urbano en Colombia.

Tomado de: https://www.semana.com/nacion/bogota/articulo/exclusivo-el-eln-amenaza-a-bogota-semana-revela-los-planes-terroristas-para-desestabilizar-la-ciudad-hay-seguimientos-a-vicky-davila-y-maria-fernanda-cabal/202654/#google_vignette

 

NOTA:


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