SEMANA revela alarmantes
informes de inteligencia de la Policía, Fiscalía y Fuerzas Militares que
prueban una estrategia violenta que diseña el ELN en la capital del país.
Se han identificado cuatro
células militares en municipios aledaños a la capital del país, como Facatativá
y Chía. Foto: SEMANA
La
guerrilla del ELN amenaza a Bogotá. Hay planes de atentados en curso,
infiltraciones en universidades privadas y maniobras para interferir en las
elecciones. SEMANA revela informes de los grupos de inteligencia de la Policía,
Fiscalía y Fuerzas Militares que alertan del inminente riesgo.
Las
autoridades han detectado, al menos, 30 unidades colectivas ubicadas en diez
localidades que tienen la misión de impulsar la ideología de los elenos sin el
uso de las armas, avanzar en las labores de inteligencia para desestabilizar el
orden público de la ciudad y reclutar a jóvenes para su lucha insurgente.
Además,
se han identificado cuatro células militares en municipios aledaños a la
capital del país, como Facatativá y Chía, compuestas por cinco o seis personas,
dedicadas a hacer seguimientos, articulación y coordinación con el frente de
Guerra Urbano, la estructura del grupo armado ilegal que se encarga de penetrar
las principales ciudades de Colombia para generar terror: Bogotá, Medellín,
Cali, Cúcuta, Bucaramanga y Popayán.
El
Ejército de Liberación Nacional (ELN) concentra su operación criminal en zonas
rurales, pero decidió avanzar con su frente de Guerra Urbano a las ciudades
principales de Colombia. Foto: AFP
Sumado
a esto, los uniformados han recibido alertas que advierten sobre la presencia
de miembros de estas células urbanas del ELN en las zonas de Quiba y Mochuelo,
en la localidad de Ciudad Bolívar, un corredor que ha sido disputado
históricamente por las organizaciones delincuenciales para el tránsito de las
economías ilegales.
En
Bogotá, en el caso específico del ELN, hay preocupación por una serie de
evidencias que tiene en su poder la Fiscalía sobre seguimientos a dos
influyentes líderes: Vicky Dávila, candidata presidencial, que forma parte de
La Gran Consulta por Colombia, y la senadora María Fernanda Cabal, del Centro
Democrático. “Nunca había visto unos seguimientos tan bravos como los que les
hicieron a ellas”, detalló un miembro del ente de investigación a SEMANA.
Este
despliegue operativo criminal es aceitado con dineros que provienen del frente
de Guerra Occidental, ubicado en la región del Pacífico, que saca provecho de
las ganancias que dejan la minería ilegal, el narcotráfico y el cobro de
extorsiones. De acuerdo con las investigaciones, esa plata llega hasta la
capital de Antioquia, donde es distribuida por un hombre clave de la
organización terrorista: alias Aláh, que además recibe instrucciones del
comando central y las imparte en las zonas urbanas.
En el caso de Bogotá, el 98
por ciento de los planes terroristas que se quieren materializar en contra de
las entidades públicas y privadas provienen de los cabecillas ubicados en Norte
de Santander y Arauca, en la frontera con Venezuela, según la Policía. El
interés por Bogotá radica en la exposición mediática y el impacto en la opinión
pública que podrían generar los hechos, explicó a
esta revista un fiscal que ha investigado por años los movimientos del ELN.
Pese al hermetismo de la
administración distrital por el fenómeno que aquí se describe, las alertas ya
llegaron hasta el Concejo de Bogotá, desde donde se presiona a las autoridades
para avanzar en las investigaciones y revelar el verdadero alcance que tiene el
Ejército de Liberación Nacional en la ciudad y su relación con algunos
integrantes de instituciones de educación superior.
Estos
son los estatutos del VI congreso que realizó el ELN en 2024. En las páginas se
define la hoja de ruta de la guerrilla, sus objetivos y su estructura interna.
Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API
El
ELN en Bogotá
Bogotá
no es un escenario de conflicto abierto y, probablemente, nunca lo sea, pero
tampoco es un territorio neutral. En algunas de sus universidades públicas y
privadas, barrios periféricos y corredores estratégicos se mueve una forma de
insurgencia que no porta fusil ni uniforme, pero que responde a una lógica
armada.
Lejos
de los campamentos en la selva y de los enfrentamientos rurales, la operación
del ELN en Bogotá se construye en silencio. Recluta sin anunciarse, observa sin
exponerse y planifica sin dejar huellas evidentes en el proceso.
Su presencia no busca
controlar territorio como en otras regiones del país, sino influir,
desestabilizar y preparar el terreno para acciones que, aunque se diseñan lejos
de la ciudad, tendrían en la capital su mayor impacto mediático, como lo vienen
advirtiendo la Fiscalía y la Policía desde hace meses. Incluso, el
concejal Julián Uscátegui ya había encendido las alarmas sobre este tema y
obtuvo información de la posible reorganización del ELN en la ciudad.
Pese
a que la presencia del ELN en la capital está cantada, ha habido un esfuerzo de
años de todas las administraciones distritales para negarlo, y si bien es
cierto que las armas de ese grupo terrorista no patrullan las localidades de la
capital, sí lo hacen sus banderas y sus intentos por declarar su presencia por
medio del reclutamiento organizado y la zozobra alrededor de atentados.
Según
los informes conocidos por esta revista, el ELN, desde su línea ideológica, ha
minado al menos diez localidades de la ciudad organizando encuentros en
universidades, grupos sociales y movimientos estudiantiles radicales que se han
formado por años en el seno de la doctrina leninista y marxista.
Entre
los mencionados grupos están la Primera Línea Suba, Escudos Azules, Movimiento
Radical Antifascista, PK Molinos, Los Hijos de Usme, Portal Resistencia,
Movimiento Bolivariano Jaime Bateman, TNT, Movimiento Revolucionario (MR), MJB,
frente Beatriz Sotelo, Individualidades Anarquistas, Movimiento Insurgente
Popular, Juventudes Camilistas Revolucionarias y el Frente Distrital
Revolucionario.
“Buscaban
estudiantes nuevos, con dificultades económicas. Primero los integraban
socialmente, luego les daban dinero, 50.000 o 100.000 pesos". Foto:
SUMINISTRADA A SEMANA API
Las
puntadas han sido certeras. Desde el estallido social, la injerencia de las
filas del grupo armado en Bogotá ha sido más fuerte y los intentos por atentar
contra la ciudad, más latentes.
Uno
de los aspectos más sensibles que reposan dentro de los archivos de
inteligencia conocidos por SEMANA es el modus operandi del reclutamiento dentro
de las universidades públicas y cinco de las privadas más importantes de la
capital del país. Los documentos, que contienen más de 4.000 horas de
interceptaciones, revelaron el mismo patrón.
“Buscaban
estudiantes nuevos, con dificultades económicas. Primero los integraban
socialmente, luego les daban dinero, 50.000 o 100.000 pesos. Después venía la
ideología y la prueba del estallido”, confirmó un investigador de la Policía
Metropolitana de Bogotá.
Dicha
prueba de “finura” consiste en salir encapuchado a confrontar a la Policía en
el denominado “tropel”. “Si el pelado aguanta, pasa a la siguiente fase. Si no,
queda por fuera”, explicó la misma fuente.
Los
que avanzan pueden ser vinculados de manera permanente y, eventualmente, ser
evaluados para recibir entrenamiento o financiamiento externo.
Estos
hechos fueron probados por un agente encubierto que sostuvo una operación
durante 12 meses y que le permitió a la Fiscalía documentar 28 actos violentos
en la capital del país que estarían relacionados directamente con cabecillas
del frente de Guerra Urbano del ELN. A eso se sumaron interceptaciones,
análisis de antenas de ubicación y allanamientos.
Las comunicaciones
interceptadas revelaron una coordinación detallada. “Decían ‘nos vemos en la
UP’, y, por lenguaje cifrado, sabíamos que era la Universidad Pedagógica. Ese
mismo día rompían un bus. Había muchas coincidencias”, explicó el investigador.
Los
informes detallaron que el modus operandi está inspirado en las estrategias de
la Alemania Oriental, en la que ninguno de los integrantes de la operación
conoce los detalles ni los rostros de quienes dan la orden. Después de haber
sido puestos a prueba y confirmar su integración a las guerrillas urbanas,
estos jóvenes son asignados a misiones que nadie conoce al detalle, ni siquiera
ellos.
Frente
a esta situación, el secretario de Seguridad de Bogotá, César Restrepo, aseguró
que “organizaciones se infiltran dentro de los claustros académicos y
desarrollan actividades que, a todas luces, no son académicas. Con el ingreso a
universidades, hay agentes que están buscando reclutar personas para incluirlas
en sus organizaciones. El tema del riesgo de reclutamiento es real”.
Hasta hace muy poco, fue un
hombre escondido en las sombras de los pasillos de las universidades de Bogotá,
Medellín, Cali, Bucaramanga, Cúcuta y Popayán. Foto: ESTEBAN VEGA
LA-ROTTA-SEMANA
¿Quién da la orden?
Todas
las actividades investigativas, tanto de la Fiscalía como de la Policía,
conducen a un mismo punto: el enlace entre el frente Urbano del ELN y los
civiles es Francisco (su nombre de pila), conocido también con el alias Aláh,
quien está radicado en Medellín. En esa ciudad está instalada su base de
operación central para dinamizar el ingreso del grupo armado ilegal a los
centros urbanos, como Bogotá.
Dentro
de las pesquisas que adelanta el ente de acusación, el hombre, perteneciente a
la estructura Jorge Eliécer Gaitán del frente de Guerra Urbano, tendría el
estatus de reclutador en la Universidad Nacional. Sobre Aláh pesa una
investigación en la Dirección Especializada contra las Organizaciones
Criminales.
Según
las versiones corroboradas por las fuentes de inteligencia, Aláh no solo
direcciona el reclutamiento en Bogotá, sino que extiende las líneas necesarias
para captar el dinero proveniente del frente de Guerra Occidental del ELN y de
Arauca, donde se presume que, con ayuda de miembros de asociaciones y
movimientos radicales, transportan recursos financieros e información por medio
de correos humanos para adelantar acciones entre Venezuela, Medellín y Bogotá.
El
señalado articulador del frente Urbano de Guerra no supera los 35 años. Hasta
hace muy poco, fue un hombre escondido en las sombras de los pasillos de las
universidades de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Cúcuta y Popayán.
No
fue sino hasta diciembre de 2025, cuando la Policía Metropolitana de Bogotá
asestó un golpe contra un grupo de 11 investigados por terrorismo que condujo
todos los caminos hacia el denominado Aláh, y desde donde rápidamente se
desprendieron varias líneas de investigación para dar con su paradero y frenar
la ola expansiva del ELN en la capital del país.
Planes
de atentados
“El
ELN es un grupo mediático, siempre ha querido hacer atentados que generen ruido
y su principal blanco es Bogotá”, contó a SEMANA un fiscal que ha estudiado al
ELN durante muchos años. Él reveló que la guerrilla tiene planes en desarrollo
para afectar la Embajada de Estados Unidos, la sede principal del Banco de la
República y el búnker de la Fiscalía, versión que fue corroborada por las
agencias de inteligencia de la Policía y las Fuerzas Militares.
El
ELN estaría financiando e impulsando protestas sociales en Bogotá y otras
ciudades del país. Foto: ESTEBAN VEGA LA-ROTTA-SEMANA
La
molestia de la guerrilla con el Gobierno norteamericano ha sido histórica. Sin
embargo, en el actual escenario, el nivel de riesgo aumentó por la operación
que ordenó Donald Trump en Caracas, que terminó con la captura y extradición de
Nicolás Maduro a Nueva York. Públicamente, el ELN reprochó la situación y en
Colombia no descartan retaliaciones.
“Nosotros
estamos al tanto de las alertas y el objetivo es mitigarlas. Hoy, la embajada
americana es la sede consular más custodiada del país. Hemos visto cómo han
terminado las manifestaciones sociales allá; entendemos que hay riesgo. Nuestro
compromiso es proteger y adelantarnos, con la coordinación de las
inteligencias, a esos episodios”, dijo un alto mando de la Policía en Bogotá.
Las
cadenas de comercio y los establecimientos bancarios también están bajo la lupa
de los criminales, con base en las alertas que reposan en la Fiscalía y la
Policía. Hay reportes de seguimiento a estas infraestructuras por parte de
civiles asociados al frente de Guerra Urbano y la construcción de artefactos
explosivos improvisados que pretenderían ser instalados en puntos estratégicos.
Uno
de los oficiales que lidera las investigaciones sobre el terrorismo en
Colombia, cuya identidad pidió omitir, sostuvo que las células del ELN actúan
como sombras y bajo altos niveles de confidencialidad, para así evitar ser
descubiertas por las autoridades: “Esos grupos, como máximo, los componen cinco
personas”.
Antonio
García y alias Pablito, cabecillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y
promotores del frente de Guerra Urbano en Colombia. Foto: SUMINISTRADA A SEMANA
API
La
clandestinidad y el misterio de sus células urbanas fueron ratificados en el
último congreso de los elenos, en 2024, cuyos estatutos son revelados por
SEMANA: “Las medidas que nos ayudan de manera fundamental en este propósito son
la clandestinidad y la compartimentación. La primera está referida a mantener
en secreto la identidad y la ubicación de las estructuras, personas, medios,
recursos, planes y la realización de actividades; la segunda apunta a que solo
debe conocerse lo indispensable para desarrollar las actividades particulares,
proteger al máximo la información, separar estructuras manteniendo la vida
colectiva y la vigilancia revolucionaria”.
ELN
y elecciones
El
ELN quiere tener protagonismo en la contienda electoral de 2026. Así lo
interpretan investigadores de la Policía y la Fiscalía tras recopilar material
probatorio en varios puntos de Colombia: “Nunca han querido un gobierno de
cambio, sino un gobierno de transición. Ellos quieren acceder al poder a través
de la política, no por medio de las armas, como sí lo pretendieron hacer las
Farc-EP”.
En
uno de los documentos reservados de las autoridades, a los que accedió SEMANA,
se reseñó: “A través de medios públicos, alias Silvana Guerrero, cabecilla del
frente de Guerra Oriental, habría indicado que este grupo armado no tendría
intenciones de incidir en el certamen electoral; sin embargo, a partir de la
presencia de componentes armados de esta estructura en diferentes zonas del
país, se tienen alertas por posibles escenarios de control electoral,
incluyendo acciones terroristas y de intimidaciones, el cual estaría orientado
a restringir actividades proselitistas de candidatos que no estén alineados a
sus intereses”.
Un
funcionario que forma parte de la mesa de seguimiento al proceso electoral, en
conversación con SEMANA, indicó que las alertas emitidas por la fuerza pública
ponen en evidencia que el ELN, así como otros actores criminales, tienen la
misión de “generar zozobra y temor en las elecciones”.
Los
archivos revelados hasta ahora trazan un mismo mapa: el ELN capitalizó a Bogotá
como su principal punto de terror mediático, donde combina la ideología, el
reclutamiento y el miedo selectivo. Lo que hoy se conoce es apenas una parte de
la red que sigue siendo investigada. Las autoridades avanzan en recolección de
pruebas para asestar uno de los golpes más contundentes contra el frente de
Guerra Urbano en Colombia.
Tomado de: https://www.semana.com/nacion/bogota/articulo/exclusivo-el-eln-amenaza-a-bogota-semana-revela-los-planes-terroristas-para-desestabilizar-la-ciudad-hay-seguimientos-a-vicky-davila-y-maria-fernanda-cabal/202654/#google_vignette
NOTA:
No hay comentarios:
Publicar un comentario