DIPLOMACIA CHINA SOBRE PANAMA
Mi valoración es que, si se confirman las amenazas personales y las presiones descritas contra diputados panameños, esa conducta no constituye una forma correcta de ejercer la diplomacia, sino una modalidad de coerción política e injerencia sobre las instituciones de otro Estado
He revisado la información disponible sobre el episodio ocurrido entre Panamá, China y Taiwán en las últimas horas. Hay que hacer una distinción importante entre la protesta diplomática legítima de Beijing y la intimidación o amenaza a legisladores.
1. ¿Qué ocurrió?
El 8 de septiembre de 2026, la
Asamblea Nacional de Panamá creó un Grupo Multipartidista de Intercambio
Parlamentario con Taiwán. Las cifras varían ligeramente según las fuentes
—45 diputados aparecen en fuentes oficiales taiwanesas y panameñas, mientras
otras informaciones hablan de 43 o 46—, pero en cualquier caso representa más
del 60 % de los 71 miembros de la Asamblea.
La reacción de Beijing fue
inmediata. La Embajada china expresó su “fuerte descontento y enérgico
rechazo” y exigió a los diputados abandonar esa posición, argumentando que
Panamá reconoce el principio de “una sola China”.
Lo particularmente grave son
las informaciones publicadas por Infobae sobre cartas, llamadas
telefónicas y reuniones de urgencia realizadas por diplomáticos chinos para
intentar impedir que se constituyera el grupo, incluyendo la acusación de
que algunos diputados habrían sido amenazados. Esa última afirmación procede de
fuentes diplomáticas citadas por el medio y no debe presentarse como un
hecho judicialmente probado.
2. Protestar diplomáticamente
sí es legítimo
Aquí hay una diferencia
fundamental.
China tiene derecho a decir:
“Panamá mantiene relaciones
diplomáticas con la República Popular China y consideramos incompatible con
ellas determinada actividad oficial con Taiwán”.
Eso forma parte de la diplomacia
normal.
Beijing también puede convocar
al embajador panameño, presentar una nota diplomática, expresar su desacuerdo o
advertir que determinada actuación tendrá consecuencias en las relaciones
bilaterales.
Eso es diplomacia.
Lo que cambia completamente la
naturaleza de la actuación es intentar que una potencia extranjera determine qué
diputados de otro país pueden reunirse, con quién pueden hablar, qué grupo
parlamentario pueden crear o qué posición política pueden expresar, y mucho
más si se utilizan amenazas personales.
Ahí estaríamos hablando de coerción
diplomática e interferencia política.
3. Hay un antecedente
particularmente preocupante
Este episodio no aparece
aislado.
En junio de 2026, el canciller
panameño Javier Martínez-Acha acusó públicamente a representantes chinos de
haber solicitado al Gobierno panameño intervenir ante la Corte Suprema para
revertir una decisión relacionada con las concesiones de los puertos de Balboa
y Cristóbal.
El canciller respondió que
Panamá tiene separación de poderes y que el Ejecutivo no podía
intervenir para modificar una decisión judicial. Además, Panamá denunció un
fuerte aumento de las inspecciones a barcos con bandera panameña en puertos
chinos después del conflicto por los puertos.
Y en febrero, Pekín había
advertido que adoptaría “todas las medidas necesarias” para proteger los
intereses de empresas chinas, mientras desde órganos chinos se llegó a advertir
que Panamá “pagaría un alto precio” si no revertía la salida de CK
Hutchison de los puertos.
Por tanto, desde una
perspectiva de inteligencia estratégica, existe una secuencia que merece
seguimiento:
puertos estratégicos → Canal
de Panamá → presión diplomática → utilización de instrumentos económicos →
presión sobre instituciones panameñas → ahora presión sobre legisladores.
No significa automáticamente
que exista un único plan coordinado para todos estos acontecimientos, pero la
acumulación de episodios constituye una señal estratégica que Panamá no debería
ignorar.
4. ¿Tiene razón Beijing en
defender el principio de “una sola China”?
Aquí la respuesta requiere
matices.
Panamá rompió relaciones
diplomáticas con Taiwán en 2017 y reconoció a la República Popular China. Por
tanto, el Gobierno panameño sí tiene compromisos diplomáticos con Beijing.
Pero eso no significa que
China adquiera soberanía sobre las instituciones políticas panameñas.
Una cosa es:
“Panamá reconoce
diplomáticamente a la República Popular China”.
Otra muy diferente es:
“China decide qué pueden hacer
los parlamentarios panameños”.
Los diputados panameños
argumentan precisamente que su grupo es parlamentario, no una decisión
del Ejecutivo para establecer relaciones diplomáticas con Taiwán. Además,
sostienen que la Asamblea conserva autonomía para desarrollar relaciones con
otros parlamentos.
Ese punto es jurídicamente y
políticamente muy importante.
5. Mi evaluación como analista
de inteligencia
Yo describiría lo ocurrido
como un posible ejemplo de “diplomacia coercitiva”, no simplemente como
diplomacia tradicional.
La diferencia puede expresarse
así:
|
Diplomacia
convencional |
Diplomacia
coercitiva |
|
Protesta formal |
Amenaza |
|
Negociación |
Presión |
|
Argumentos jurídicos |
Intimidación |
|
Incentivos |
Castigos o represalias |
|
Respeto a la soberanía |
Intento de modificar
decisiones internas |
|
Persuasión |
Coacción |
Si efectivamente hubo amenazas
directas a diputados, el asunto adquiere una gravedad mucho mayor.
Porque ya no se estaría
discutiendo solamente China vs. Taiwán.
Se estaría discutiendo:
¿Puede una potencia extranjera
condicionar el comportamiento de los representantes electos de una democracia
latinoamericana?
Mi respuesta es no.
6. Sobre su afirmación de que
Xi Jinping no permitirá que avance nada que pueda detener al Partido Comunista
Chino
Aquí introduciría una
precisión.
No diría que “Xi Jinping no
permite que el avance del Partido Comunista Chino sea detenido bajo ninguna
circunstancia” como una afirmación absoluta, porque eso convertiría una
hipótesis analítica en una certeza.
Pero sí considero razonable
afirmar que el liderazgo de Xi Jinping ha convertido la defensa de los
intereses estratégicos chinos, la seguridad nacional y la cuestión de Taiwán en
prioridades de máxima importancia.
Y el comportamiento de Beijing
frente a Panamá demuestra que China está dispuesta a utilizar instrumentos
diplomáticos, económicos, comerciales y políticos cuando considera que sus
intereses estratégicos están siendo afectados.
Esto merece especial atención
en América Latina.
7. El punto estratégico más
importante: Panamá
Para mí, el verdadero
centro de gravedad de este conflicto no es solamente Taiwán.
Es el Canal de Panamá.
El Canal tiene una importancia
extraordinaria para el comercio mundial y se encuentra actualmente en una
posición especialmente sensible debido simultáneamente a:
- competencia estratégica EE.UU.–China;
- presencia e intereses empresariales
chinos;
- importancia de los puertos situados en los
extremos del Canal;
- relación Panamá–Taiwán;
- creciente competencia tecnológica;
- seguridad de las cadenas logísticas;
- y las restricciones derivadas de la crisis
hídrica.
La nueva administración del
Canal está entrando precisamente en un escenario donde la infraestructura
enfrenta simultáneamente riesgo climático y presión geopolítica.
Por eso, Panamá se ha
convertido en un punto de fricción geopolítica mucho más importante de lo que
normalmente se percibe desde América Latina.
8. Mi conclusión
No considero correcto que
China intente intimidar o amenazar a legisladores panameños.
Beijing tiene todo el derecho
de defender su posición sobre Taiwán y de protestar diplomáticamente contra
cualquier actuación que considere contraria a sus intereses.
Pero no tiene derecho a
decidir quién puede reunirse con quién dentro de la Asamblea Nacional de Panamá.
Y mucho menos sería aceptable
que una embajada extranjera amenazara personalmente a diputados para impedir
una decisión parlamentaria.
Desde el punto de vista de
inteligencia estratégica, mi valoración sería:
RIESGO DE INJERENCIA POLÍTICA
EXTERNA: ALTO
RIESGO DE COERCIÓN ECONÓMICA: MEDIO–ALTO
IMPORTANCIA ESTRATÉGICA DEL CANAL: CRÍTICA
VALOR GEOPOLÍTICO DE PANAMÁ PARA CHINA: MUY ALTO
RIESGO DE ESCALAMIENTO DIPLOMÁTICO: MEDIO–ALTO
Y hay una cuestión todavía más
profunda:
Si una potencia consigue que
los legisladores de otro país modifiquen su comportamiento mediante amenazas,
ya no estamos simplemente ante una disputa diplomática: estamos ante un
problema de soberanía política.
En mi opinión, Panamá
debería mantener relaciones diplomáticas con Beijing, pero al mismo tiempo
defender con firmeza la independencia de sus poderes públicos. La prudencia
diplomática no debe confundirse con subordinación política.
Además, conviene observar qué
hará Beijing después de que los diputados hayan decidido no retroceder.
Si aparecen nuevas medidas comerciales, portuarias, administrativas o contra
empresas y buques panameños, podría comenzar a configurarse un patrón de coerción
multidimensional, mucho más relevante para América Latina que la actual
controversia parlamentaria.
Ver la información de EFE sobre el conflicto Panamá–China por
los puertos
Ver el reporte sobre la presión china a los diputados panameños
Ver la posición de la Asamblea Nacional panameña y los diputados
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